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Si me falta el amor, nada soy

Miguel Rivilla San Martín

El precioso texto escogido por los contrayentes (1ª Cor, 13, 1-4) en la Boda Real, se refiere no al amor humano, por admirable que parezca, sino al amor sobrenatural o caridad, referido a Dios.

Se ha elogiado hasta la saciedad la proclamación de la Palabra de Dios, en la Boda Real, por parte de la abuela paterna de la novia, ex locutora, Menchu Alvarez. Es justo y necesario. Máxime, si la comparamos con la que hacen algunos improvisados lectores de la Biblia en las celebraciones ordinarias.

Ahora bien, el precioso texto escogido por los contrayentes ( 1ª Cor, 13, 1-4) es un himno inigualable a la caridad. La generalidad de los novios que se casan por la Iglesia, lo eligen para su boda. Juzgo necesario hacer una precisión a este texto para no inducir al equívoco o al error a quienes lo proclaman o lo escuchan.

El apóstol Pablo se refiere en este escrito no al amor humano, por admirable que parezca, sino al amor sobrenatural o caridad, referido a Dios.

Desde esta perspectiva se entiende perfectamente su significado: “Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles..., ya podría tener el don de la predicación y conocer todos los secretos y todo el saber..., podría tener una fe como para mover montañas..., podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo... si no tengo amor, de nada me sirve”.

Es evidente, según todos los interpretes, que Pablo se refiere aquí en este texto a tener o no tener el amor de Dios dentro y no sólo el amor sensible, humano o simple erotismo, aunque, naturalmente, no se excluyen y se complementan en los contrayentes.

 
 

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