Imprimir

Chistes sobre Jesús

Walter Turnbull

Si a Cristo le gusta que haya muchos equipos, ¿porqué pidió “que sean uno como nosotros”?

Recuerdo haber leído alguna vez un chiste en el que Cristo iba a un partido de futbol entre católicos y protestantes y, ante la indignación de los testigos, aplaudía los goles de ambos equipos, porque “Él no apoyaba a ninguno, simplemente disfrutaba del espectáculo”.

Si a esas nos vamos, yo me sé otros mejores:

Llega un señor al cielo y San Pedro lo recibe amablemente y encomienda a un ángel a que le muestre las instalaciones. Al pasar junto a una puerta, el ángel le indica que pase sin hacer ruido. -¿Puedo preguntar porqué? -pregunta el recién llegado-. -Es que ahí están los católicos, y creen que son los únicos -responde el ángel-.

Llegan dos monjitas al cielo y, al llegar a la puerta, ven que están dejando pasar a todos, absolutamente a todos. Ante el asombro de las monjitas, San Pedro les explica que Dios es infinitamente misericordioso y que en el cielo todos son bienvenidos, no importa lo que hayan hecho o creído. Ante esa realidad, una de las monjitas voltea hacia la otra con cara de enojo y le dice en tono de regaño: “¿ya ve, hermana? Yo siempre se lo dije.”

El hecho es que no podemos creer que sólo los católicos se van a ir al cielo. El catecismo lo dice claramente. Tampoco podemos culpar, despreciar, odiar o criticar al que no comparte nuestra fe; tal vez no tenga la culpa de no conocerla e incluso es posible que sea mejor persona que nosotros. Tampoco podemos ser groseros o impositivos cuando se trata de llevar a otros la verdad revelada a nosotros por Cristo y por su discípulos. A la hora de predicar, hay que predicar sobre todo con el ejemplo, practicando la caridad, la comprensión, el respeto.

Pero también es un hecho que el Evangelio presenta algunas exigencias que a mí no dejan de preocuparme. Si a Cristo le gusta que haya muchos equipos, ¿porqué pidió “que sean uno como nosotros”? Si Cristo no apoya a ningún equipo, ¿porqué fundó uno y puso a San Pedro al frente para apacentarlo? Si le da igual cualquier doctrina, ¿porqué pidió al Padre “santifícalos en la verdad” y le reveló a Pilato: “Para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad”? Si cualquier verdad es buena, ¿para qué dar testimonio? Cuando los protestantes anotan un gol, ¿significa que alejaron a alguien de la Iglesia católica? ¿Podemos creer que a Cristo le da mucho gusto?

Dijo Jesús: “Vayan, pues y hagan discípulos a todas las gentes y enséñenles a guardar todo lo que yo les he mandado” (Mt. 28, 19-20). “El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc. 16, 16). Y dice San Pablo: ¿Cómo creerán en aquél de quien no han oído y cómo oirán si no se les predica? (Rm. 10, 14)

¿Debemos tomar literalmente estas palabras de Cristo? ¿Es realmente necesario creer en la doctrina católica? ¿Qué va a hacer Dios con los que no quisieron creer o con los que por respeto no quisieron predicar? ¿Cómo vamos a predicar la verdad sin cuestionar la “verdad” de nadie?

¿Alguien lo sabe? Yo, por lo pronto, confieso que no. Por eso, en la duda, prefiero quedarme como el chinito: muy calladito, y no andar achacándole a Cristo aficiones que no podemos saber si las tiene o no. Concentrémonos en aprender, interiorizar, practicar y predicar aquello de Cristo que sí podemos saber, que bastante trabajo cuesta.

Me comenta mi esposa que, si a alguien le debe su opción por Cristo, no es a aquellos predicadores tibios que temen lastimar la sensibilidad de los paganos, sino a aquellos testigos ardientes que confían en la Iglesia y en la verdad de la doctrina de Cristo.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]