|
7.
Entrevistamos a Eduardo Hertfelder: la familia en la encrucijada
Realizada por Fernando José Vaquero Oroquieta
Una
entrevista a Eduardo Hertfelder de Aldecoa, Presidente del Instituto de
Política Familiar, una entidad española cuyos objetivos son la defensa y
promoción de la familia especialmente ante los poderes públicos.
Hemos
entrevistado a Eduardo Hertfelder de Aldecoa, Presidente del Instituto de
Política Familiar (. Con una importante experiencia personal en el
movimiento asociativo familiar, su entidad se caracteriza por la defensa y
promoción de la familia, especialmente ante los poderes públicos, mediante
la elaboración y divulgación de informes, estudios y propuestas de
carácter técnico. En la actualidad, es uno de los rostros más conocidos
del movimiento familiar español y uno de los mejores conocedores de la
problemática de esta castigada, desprotegida e imprescindible realidad
social.
Pregunta: ¿Podría, en unos breves trazos, hablarnos del origen, la
naturaleza y las actividades del Instituto de Política Familiar que
preside?
Respuesta: El
Instituto de Política Familiar (IPF)
nace de la iniciativa de un grupo de especialistas familiares que toman
conciencia de que en España existe una insostenible inhibición de las
administraciones y de la opinión pública ante una institución tan decisiva
como es la familia. Por eso nuestra misión, como entidad civil
independiente, es la promoción y defensa de la institución familiar y de
sus componentes, mediante la sensibilización de la sociedad y los poderes
públicos, la generación y promoción de propuestas y proyectos y el fomento
de la coordinación para estos fines entre instituciones, entidades y
asociaciones familiares de ámbito nacional e internacional.
El
Instituto busca ser un catalizador para el desarrollo de una auténtica
política familiar en todos los ámbitos políticos (local, autonómico,
nacional y supranacional). Para ello ejerce una labor de análisis de la
situación de la familia, en sus distintas dimensiones, buscando poner de
manifiesto sus principales problemas actuales o futuros. Igualmente,
presenta alternativas o soluciones viables y prácticas a estos problemas.
Desarrollamos esta misión a través de muy diferentes actividades:
elaboración de estudios y análisis (Informe de Evolución de la Familia en
España, Informe sobre las ayudas a la familia por parte de las CCAA –ambos
de carácter nacional-), desarrollo de proyectos y programas (sobre
perspectiva de familia, sobre crisis y rupturas familiares, etc.),
prestación de servicios de asesoría, organización y presencia en
seminarios y foros, intercambio de experiencias, etc.
P.:
Algunas de sus iniciativas, en defensa de la familia, han sido difundidas
y apoyadas por diversas entidades (e-Cristians y Hazteoír.org,
principalmente). ¿Qué valoración le merecen estas plataformas
transversales, especialmente sensibilizadas con la situación de la
familia, como nuevas vías de participación social y política?
R.:
Nuestra valoración de estas plataformas es muy positiva. En primer lugar,
por tratarse de un fenómeno indicativo del resurgimiento de la persona
como sujeto activo, protagonista y constructor de la sociedad en la que
vive, que se siente sensibilizado por los problemas que le conciernen y
que no quiere seguir permaneciendo pasivo haciendo dejación de su
responsabilidad. Son el fruto, pues, de una nueva madurez personal y
colectiva frente al irresponsable estatismo en el que estamos
acostumbrados a vivir. Esto es muy importante en la medida en que implica
asumir libremente compromisos para, solidariamente, hacer frente a las
necesidades (materiales y morales) de nuestra comunidad—. Esta atención a
las necesidades de todos se traduce en obras (culturales, asistenciales,
reivindicativas, profesionales, económicas y empresariales, etc.), esto
es, en una real reconstrucción del tejido social que es expresión de
libertad y responsabilidad frente a cualquier totalitarismo.
En
segundo lugar y en un sentido más instrumental, —gracias a plataformas
como HazteOir y E-cristians, los ciudadanos y los movimientos sociales
estamos encontrando una eficaz herramienta para la participación social y
política. Su carácter transversal, su metodología basada en el uso de
nuevas tecnologías y su claro sentido estratégico y a la vez de impacto
político concreto, están logrando importantes victorias que la ha hecho
convertirse -al día de hoy- no sólo en referentes sociales y políticos,
sino también -y en línea con lo anterior- en vertebradores de acciones de
muchas instituciones y personas, superando así una de las grandes
carencias del movimiento asociativo nacido de la experiencia cristiana.
Son, en definitiva, ese tipo de iniciativas que surgen en determinados
momentos de la historia y que, de manera complementaria y sin “romper” con
el tipo de funcionamiento tradicional encuentran nuevos espacios de
participación creando una nueva cultura de actuación ciudadana.
P.:
Frente a las llamadas “uniones de hecho” y los “modelos alternativos”
de familia, ¿por qué el Instituto de Política Familiar defiende que la
familia, que podríamos llamar “tradicional” para entendernos, debe
disfrutar de un trato específico?
R.:
Empezaré por detenerme un instante en esa terminología, aparentemente
inocua, de “familia tradicional”. Uno de los grandes problemas actuales es
la prostitución, manipulación, confusión y tergiversación -generalmente de
manera interesada- del lenguaje y, a partir de ahí, de los conceptos. Y en
el caso de la familia también está ocurriendo. Este es el caso de palabras
como familia y matrimonio, que se han cambiado por “familias” y “pareja”.
Y dentro de esta calculada ambigüedad -pluralidad le llaman- se mete de
todo. Decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se convierte en
verdad. Y están aplicando esta máxima. A base de transmitirnos hábilmente
a través del lenguaje una serie de conceptos contrarios a la verdad de la
persona y la familia, los hemos ido asumiendo inconscientemente -es lo
políticamente correcto- para terminar, de alguna manera, usándolos y
creyendo en ellos.
Debido
a esa intencionada confusión terminológica con el término “familia”, se
hace necesario recordar qué se entiende por familia, sin calificativos de
ninguna clase. Esto, que hubiera sido innecesario y obvio hace unos años,
hoy resulta no solamente necesario sino imprescindible: “La familia,
fundada en el matrimonio, entre un hombre y una mujer, unión íntima de
vida, complemento entre un hombre y una mujer, constituido por un vínculo
formal y estable, libremente contraído, abierto a la transmisión de la
vida”. Esto es familia mientras que otro tipo de uniones, que pueden ser
más o menos respetables, lo otro no se pueden considerar familia. Son,
sencillamente, otras cosas. La equiparación por ejemplo, de las uniones
homosexuales con la familia supone un acto de injusticia y discriminación
para la familia y el matrimonio.
En
este contexto, desde el Instituto de Política familiar entendemos, una vez
realizada la oportuna diferenciación, que cada institución debe ser
tratada según su naturaleza y fines así como en función de lo que aporta a
la sociedad. Y en el caso de la familia su aportación es de incalculable
valor.
P.:
A su juicio, y desde su rica experiencia personal, ¿goza de buena
salud, en España, el movimiento asociativo familiar?
R.:
Las anteriores consideraciones sobre las nuevas plataformas de
participación ciudadana pueden perfectamente extenderse al movimiento
asociativo familiar. Como consecuencia de esa mayor madurez individual y
colectiva a la hora de apreciar la nueva realidad, se ha cambiado el
“chip” en muchos planteamientos anteriores y el los últimos tiempos se
están produciendo grandes avances en este movimiento.
De su
nuevo enfoque destacaría a pérdida del miedo y la vergüenza a la
participación en la vida pública a todos los niveles, la conciencia de lo
mucho que la perspectiva familiar puede aportar al bien común, la
valoración del impacto de su presencia medios de comunicación social y,
cómo no, el reconocimiento de la importancia política de la representación
de miles de familias cuyos derechos están siendo sistemáticamente
conculcados.
A
estas nuevas tendencias responden sin duda la nueva dinámica de la
Federación de Asociaciones de Familias Numerosas o las plataformas
familiares que se están creando a nivel autonómico -PROFAM en la Comunidad
de Madrid- y nacional, como es el caso del importantísimo Foro Español de
la Familia, red de asociaciones familiares, de padres y educativas. Más de
5;000 asociaciones representando a más de 4,000,000 de familias han
convertido al Foro Español de la Familia en la mayor plataforma asociativa
jamás creada en España. Creo que los datos avalan nuestro optimismo.
P.:
El actual predominio desde el 14 M, en el Congreso de los Diputados,
de una mayoría autodenominada progresista, generalmente opuesta a la
familia, ¿augura nuevas agresiones a la misma? En cualquier caso, su
Instituto de Política Familiar, ¿buscará interlocutores, en el gobierno
del PSOE, para exponerles sus puntos de vista orientados, en definitiva,
al reconocimiento, con medidas legislativas y económicas concretas, de su
función social?, ¿qué precisas actuaciones demandaría al nuevo partido de
gobierno?
R.:
Es evidente que el 14M ha traído un trascendental cambio en el
escenario político español y que ello va a traer consecuencias en los
campos sociales, y más concretamente en las áreas de familia, vida y
educación, que son las de mayor impacto en nuestro destino personal y
comunitario.
Este
cambio ha cogido por sorpresa a un Partido Socialista que ni mucho menos
se esperaba el triunfo y que había utilizado como táctica electoral el
recurso a sus posiciones culturales más extremistas y sectarias, tratando
de reactivar una izquierda que ya sólo se reconoce en esas banderas..
El nuevo Gobierno se ha visto así convulsivamente
arrastrado a realizar unas promesas electorales que representan auténticas
agresiones de fobia hacia la familia y la vida. En grandes líneas lo que
va a traer este nuevo Gobierno -si sigue adelante con lo que ya ha
anunciado- va a ser la potenciación de la ruptura familiar la eliminación
de más vidas humanas a través del aborto y una mayor caída de la
natalidad, la discriminación e injusticia para con el matrimonio y la
familia y la negación del elemental derecho de los niños a tener un padre
y una madre.
Independientemente de estas amenazas reales, el Instituto de Política
Familiar quiere proporcionar soluciones alternativas a los legisladores y
a las distintas administraciones para ayudar a resolver la problemática
familiar. Es por ello que, en efecto, hemos pedido desde el principio
establecer canales de interlocución con los nuevos responsables de la
administración para continuar, desde nuestra posición de independencia, el
camino posibilista iniciado con el anterior Gobierno. El diálogo podrá ser
más o menos fluido –eso dependerá, en buena medida, de la sensibilidad
familiar de nuestro interlocutor-, pero lo que es evidente es que tenemos
mucho que aportar y que nuestros gobernantes necesitan y deben contar con
la participación directa del asociacionismo familiar para conocer, de
primera mano, las verdaderas necesidades de la familia española. Sólo
pedimos que el nuevo talante y el diálogo alcancen también a la familia.
P.:
La socialdemocracia europea, en general, valora positivamente a la
familia, aunque podríamos matizar mucho esta afirmación, apoyándola con
importantes incentivos económicos y sociales. Sus correligionarios
españoles, al contrario, persisten en la promoción de otras “modalidades
alternativas” de convivencia e ignorando la situación de desamparo que
sufre la familia, sin comprender que el futuro de toda sociedad pasa por
la salud de una familia respetada, promocionada y apoyada. ¿Considera que
este retraso, de las políticas sociales del PSOE, obedece a sus viejos
prejuicios anticatólicos?, ¿han observado, desde su Instituto, indicios de
cambio en esa temeraria tendencia?
R.:
La socialdemocracia europea llega a constatar la importancia de la
familia no a través de una convicción de fondo, de raíz antropológica,
sino por una pragmática verificación empírica de las grandes funciones
sociales que cumple la familia y por “sus ventajas económicas”. En efecto,
se da cuenta que la familia aporta estabilidad, solidaridad
intergeneracional, un colchón de amortiguamiento ante crisis personales o
económicas de sus miembros y sobre todo que cuanto más estable es la
familia menos dinero tiene que gastarse el Estado en paliar otras
necesidades sociales (desempleo, marginalidad social, ancianos, efectos de
las drogas...). Como consecuencia de ello se dan cuenta que apostar por la
familia no supone un gasto sino una inversión muy rentable. No es el
camino ideal, pero al menos la familia sale beneficiada.
En la
socialdemocracia española, sin embargo, se ha impuesto el prejuicio
ideológico de base marxista capaz de negar incluso la realidad. Alguna
experiencia tenemos ya con lo ocurrido con el Gobierno felipista de los
años 80 que no sólo no creía en la familia, sino que, además, la
consideraba de facto como escuela de desigualdades sociales y origen de la
opresión de sus componentes, en especial de la mujer. Actuando
"coherentemente" con estas tesis, el objeto de las políticas públicas del
PSOE se desplazó hacia los individuos, de manera que no sólo no protegió
la institución familiar sino que aplicó una política que ignoraba la
familia o era claramente antifamiliar, eliminando paulatinamente, por
ejemplo, las pocas y exiguas ayudas y prestaciones que existían hasta
entonces. Todo ello provocó que la política familiar se "desinstitucionalizara"
hasta evaporarse.
El
esperanzador cambio iniciado en el PSOE hace unos tres años, cuando entre
todos conseguimos recuperar el tema de la familia para la agenda política
española y el propio Rodríguez Zapatero demostraba una nueva sensibilidad
para sus problemas muy en línea con la corriente europea, “se ha visto
bruscamente truncado con el afán, demostrado durante las elecciones del
14M, de arañar un voto útil de la izquierda radical. El caso es que, bien
por convencimiento ideológico, bien por pragmatismo político, o por ambas
causas a la vez, el socialismo español ha retomado, cono precipitada
fogosidad, su lado más oscuro volciendo, como es público y notorio, a
posturas antifamiliares, trasnochadas y regresivas.
P.:
El Partido Popular efectuó, en su día, magníficas declaraciones de
intenciones orientadas hacia una política activa de protección de la
familia. Sin embargo, desde el gobierno, no fue capaz de romper, en líneas
generales, con la tendencia de décadas anteriores, caracterizada en la
inhibición de los poderes públicos ante las necesidades y nuevos retos de
la familia. A su juicio, ¿a qué se debió esa actitud?, ¿pudo influir, en
ello, la escasa presión efectuada por las organizaciones familiares, al
contrario que la desplegada desde los grupos de presión de homosexuales y
feministas radicales?
R.:
Una de las grandes diferencias entre el Partido Socialista el Partido
Popular es que el primero tiene un proyecto de sociedad y el segundo sólo
tiene un proyecto de gestión, consistente en la eficaz mediación de los
intereses públicos.
Desde
esta verificación y a falta de un discurso cultural propio, sólo el
compromiso y sensibilidad personal de algunos de los dirigentes populares
han hecho posible esas iniciativas de protección de la familia. El Partido
como tal padece una endémica debilidad en lo que a propuesta cultural se
refiere.
Con
semejante contexto, unido al afán electoralista de nuestros partidos
políticos, cualquier impacto de cierta relevancia en los medios de
comunicación, aunque proceda de sectores marginales y minoritarios, puede
incidir negativamente en el discurso público del Partido Popular. Y hay
que tener en cuenta que durante el período de su Gobierno las
organizaciones radicales de izquierdas y el lobby homosexual, de
escasísima representatividad, pero con una gran audacia y fuertes
subvenciones tanto públicas como privadas, han ejercido mayor presión que
los movimientos familiares. El resultado es que en estos años de Gobierno
popular no se han cubierto mínimamente las expectativas de las familias.
P.:
Algunos ciudadanos, muchos de ellos católicos, decepcionados por la
práctica de los grandes partidos que han actuado en contra de la familia
tradicional (especialmente el PP y CiU), se empiezan a decantar por nuevas
formaciones minoritarias que han hecho de la defensa de la familia su
principal razón de ser. Es el caso del partido Familia y Vida. ¿Táctica y
estratégicamente, le parece pertinente, sin entrar en consideraciones
ideológicas, la acción de una formación de esas características?
R.:
En primer lugar es importante reseñar que cualquier iniciativa que
vaya encaminada a promocionar y a defender a la institución familiar y la
vida son bienvenidas desde nuestro Instituto.
Otra
cosa distinta sería un análisis, de índole politológico, sobre el impacto
y las condiciones de éxito de los partidos sectoriales en un sistema
partitocrático como el español, pero esto escapa en este momento a nuestra
consideración.
P.:
La sociedad española ha hecho propio, en general, un estilo de vida
relativista-consumista, animada por buena parte de medios de comunicación,
los poderes públicos e, incluso, desde los mismos recursos educativos. La
familia española, ¿constituye una alternativa real a esta mentalidad
planetaria?, ¿tiene capacidad, para afrontar esta transmutación cultural,
social y de valores, ofreciendo un estilo de vida alternativo?
R.:
Hace ya varios años que la economía de España avanza de manera muy
positiva. Es patente el progreso en los servicios y en las
infraestructuras del país. El desempleo ha descendido notablemente, los
salarios han mejorado y es notorio el bienestar que ahora disfrutamos
dentro del concierto de los países más desarrollados.
Sin
embargo, tendríamos que preguntarnos si no hemos descuidado aspectos muy
fundamentales del verdadero desarrollo de nuestra sociedad. Mientras
aumentenel alcoholismo, la drogadicción o los suicidios, mientras los
matrimonios sean cada vez más endebles, mientras el índice de abortos siga
subiendo, tendremos que preguntarnos si las cosas van bien. Tendremos que
preguntarnos si estamos construyendo la España y la Europa que queremos.
Tendremos que reflexionar si estamos pensando verdaderamente en términos
de desarrollo humano, de solidaridad y comunidad.
Tendremos tal vez ue concluir, al igual que lo hacía el ex_presidente
Aznar ante la Conferencia de Envejecimiento que “cuando en las sociedades
no se respeta la vida, no se valora a la familia, no se desean hijos o no
se cuida a los ancianos, "algo no marcha bien" …"el problema no sería que
la sociedad estuviera envejecida, sino, más bien, débil o enferma".
Y esto
es fruto del abandono y la desprotección al que durante muchos años se han
visto sometidos el matrimonio y la familia y a la dejación de la sociedad
en general y de las propias familias, que hemos asistido pasivamente al
agravamiento de los problemas de la institución.
Pero a
pesar de todo ello, la familia sigue siendo en la actualidad la
institución más valorada en España. De hecho el 99% de los españoles, en
una encuesta del CIS, conceden mucha o bastante importancia a su familia,
por encima del trabajo, el dinero y los amigos. Pero si este dato es muy
significativo, hay otros dos datos que indican la fortaleza de la familia:
la importancia del amor como elemento fundamental de la familia y la
solidaridad intergeneracional. Así el 98% de los encuestados subrayan la
importancia del amor en el seno familiar manifestando un alto grado de
compromiso de unión, respeto y amor con los restantes miembros de su
familia. Por otra parte el 95% de los encuestados manifiestan un fuerte
compromiso de ayuda a los ancianos de su familia. La familia española
sigue siendo el lugar de encuentro entre las distintas generaciones –los
padres, los hijos -jóvenes solteros que rondan la treintena y que siguen
viviendo con sus padres —y progenitores que se mudan al domicilio de los
hijos— y que se dé un intercambio continuo de ayudas entre unos y otros,
además de servir de colchón de amortiguamiento, antes las crisis o
adversidades- no solo económicas.
Y ello
me hace ser muy optimista sobre el futuro de la familia. En el momento que
superemos el letargo -y ya lo estamos haciendo- la familia cumplirá la
misión para la que ha nacido y será el germen que transformará la
sociedad.
P.:
En Foro Arbil consideramos necesario, en las actuales circunstancias,
que la familia española se asocie y movilice persiguiendo el apoyo mutuo y
la legítima defensa de sus intereses; intentado hacer creíble su
propuesta, al hombre atomizado de hoy, de una realidad humana atractiva
que corresponde a las exigencias de su naturaleza, por encima de modas e
imperativos culturales dominantes. ¿Considera, con nosotros, que esta
deseable movilización sea decisiva para su fortalecimiento y, con ello, de
la regeneración de la sociedad?
R.: Estoy totalmente
de acuerdo con el planteamiento del Foro Arbil. Hoy, más que nunca, es
urgente trabajar por una sociedad así. Eso sólo es posible si hay personas
que tengan pasión por el hombre. Amar el destino de cada hombre, y
colaborar en hacerlo posible, es la expresión más noble de la política,
que vivida así es una verdadera vocación y no una mera voluntad de poder.
Pero una sociedad no puede evolucionar positivamente sin su célula
principal: la familia.
Muchas gracias.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, número
82, junio de 2004.
|