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9.
Jesús el hombre coherente
Miguel Rivilla San Martín
Sabido es que las palabras mueven y hasta conmueven, pero sólo los
ejemplos arrastran. He aquí el secreto donde radica la fuerza irresistible
de la persona de Jesús.
La
figura de Jesús de Nazaret sigue subyugando hoy al hombre moderno tanto o
más que en tiempos pretéritos. Su mensaje perdura a lo largo de los siglos
y es tan fresco y actual como cuando se proclamó por vez primera. ¿Qué
explicación lógica y convincente hay para entender esta insólita actitud?.
Muchas
son las facetas a destacar de la rica y polifacética personalidad de
Jesús. Una, entre todas, quisiera resaltar principalmente. A saber: La
magnífica y profunda coherencia entre sus palabras y sus obras, entre su
enseñanza y su vida.
Sabido
es que las palabras mueven y hasta conmueven, pero sólo los ejemplos
arrastran. He aquí el secreto donde radica la fuerza irresistible de la
persona de Jesús. Cristo aparece ante la gente —la de su tiempo y la
actual— como un líder indiscutible, que invita a sus seguidores a la
consecución de metas inalcanzables e ideales utópicos para el ser humano.
Millones de personas de todos los siglos, lugar y condición, han tratado
de imitarle en sus radicales actitudes, tan contrarias a la humana
condición como el perdón a los enemigos, el devolver bien por mal, el
compartir lo propio con los más necesitados, el dar la propia vida por los
demás, etcétera. Si estos ideales se ven realizados todos ellos, en la
persona que los propone, su ejemplo se convierte en algo irresistible.
Jesús
es el paradigma de toda persona constituida en mando y autoridad. No se
limitó a decir, a enseñar o adoctrinar, sino a vivir hasta las últimas
consecuencias lo que predicó: “Vosotros me decís maestro y señor y decís
bien porque lo soy. Pues bien, si yo os he lavado los pies, (incumbencia
de esclavos), vosotros debéis de hacerlo también unos con otros... Ejemplo
os he dado... amaos unos a otros como Yo os he amado”
Hoy en
nuestro mundo, hay una inflación publicitaria de eslóganes y una
incontinencia de palabras huecas, vacías, que dejan casi insensibles e
indiferentes a quienes las oyen o las leen. No abundan, desgraciadamente,
en los diversos órdenes de la vida y estamentos de la sociedad, comenzando
por la propia familia, ejemplos convincentes de conductas que arrastren a
los demás con su vida y con sus hechos.
Hay
una ausencia notable de coherencia y una superabundancia de incoherencias
de todo tipo tanto en la vida pública como en la privada. En una palabra,
faltan personas de una sola pieza, a ejemplo de Jesús de Nazaret, que
convenzan tanto con sus palabras como con su vida.
Los
santos son las personas que más se han tomado en serio imitar a Jesús
coherente y por eso siguen siendo modelos válidos para millares de
personas en todo el mundo.
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