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13.
Felicidad con los otros
Francisco Baena Calvo
Sólo
cuando buscamos no sólo nuestra felicidad sino la felicidad del otro
entonces se genera un espacio que fortalece nuestras convicciones más allá
del egoísmo y nos anclamos en la dimensión comunitaria como esencial en
nuestras propias conquistas.
¿De
qué le sirve a un hombre ser libre y alcanzar en "grado óptimo" la
felicidad cuando tantos seres humanos viven en condiciones estructurales
de extrema pobreza y de "esclavitud real"? ¿Se puede ser feliz en esta
situación de desventaja sin cerrar los ojos a la tragedia humana?
Estas preguntas han hecho que
muchos hombres y mujeres se hayan planteado posturas muy dispares ante la
realidad. Posturas que van desde la recomendación existencial de no mirar
alrededor ni al drama humano, afirmando como lo único importante la
liberación interior y "espiritual", hasta el llamamiento al compromiso
reivindicador de la lucha por la transformación estructural de la realidad
como la cuestión prioritaria y valida.
Si el
hombre quiere alcanzar un status acorde con planteamientos de justicia y
de solidaridad con los otros, debemos plantear la vida en dos planos
íntimamente relacionados: por un lado, profundizar, como la mayor de las
exigencias, a la pregunta existencial: "¿Quién soy yo?"; y por otro lado,
saber y entender la vida en relación siempre con los otros y responder a
otra pregunta existencial de primera magnitud: "¿Para qué estoy en el
mundo?".
Sólo
respondiendo seriamente a estas dos preguntas, el hombre buscará la
felicidad y no sentirá que busca en la evasión y la ilusión, al tiempo que
favorezca la justicia entre los hombres, sabiendo en su foro interno que
“no hay más que una manera de felicidad: vivir para los demás” (Tolstoy).
Sólo
cuando buscamos no sólo nuestra felicidad sino la felicidad del otro
entonces se genera un espacio que fortalece nuestras convicciones más allá
del egoísmo y nos anclamos en la dimensión comunitaria como esencial en
nuestras propias conquistas.
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