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14.
Fémina y médica
Mikel
Agirregabiria Agirre
La
homóloga uróloga nos da a los varones pudor, rubor y furor.
De
Portugal nos viene otro cataclismo, aparte de la Eurocopa. Varios ilustres
prohombres lusitanos relacionados con la medicina están seriamente
preocupados porque el porcentaje de mujeres en las facultades de medicina
es excesivo (64,5%) y creen que debe establecerse cuotas mínimas para “los
alumnos” aspirantes. Opinan que "la medicina es una actividad que exige
una dedicación de 24 horas, incompatible con las obligaciones domésticas y
familiares propias de las mujeres". Insisten que "no se trata de machismo”
y desde su sentida preocupación médica, alertan a la sociedad de que “las
mujeres quedan embarazadas y en una profesión exigente, un paro de cuatro
meses significa grandes retrocesos en la carrera, y que las gerencias
pueden no querer contratar doctoras por las posibles faltas al trabajo”,
además de apuntar que la "maternidad aleja a las mujeres del trabajo y
disminuye la capacidad de entrega a la profesión".
Estos
próceres médicos denuncian la futura asimetría del sistema sanitario (que
no habían advertido en enfermería), a pesar de que todavía el 55% de los
galenos portugueses son hombres, y proponen establecer urgentemente un
mecanismo de cuotas para favorecer a los estudiantes varones. La razón
última de tanta feminidad sanitaria, y universitaria en general, acusan
que radica en que "las mujeres tienen más juicio y estudian más".
Tras
quedarnos todos y todas pasmados por semejantes declaraciones, algunos no
atinamos sino a alarmarnos y acongojarnos por tan perturbado noticia:
todavía existen especimenes con este grado de necedad en puestos
relevantes sin contar con allegado alguno (aunque sea del sexo femenino)
que les aconseje el silencio por decoro, no sea que les examine su
“aparato reproductor de ideas” algún ser inteligente de los que aún
quedan, tanto de los que acuden a urología como a ginecología.
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