|
19.
Ascensor al cielo
Mikel
Agirregabiria Agirre
Para subir al cielo,… la NASA planea construir un
sorprendente
montacargas.
La
ciencia y la tecnología parecen acercarnos a la utopía humana imaginada y
al prometido paraíso divino. El olimpo de los dioses -o la gloria
celestial- era la comunión de todos los santos, reunidos y hablando
simultánea y paralelamente entre sí, es decir, algo más sofisticado pero
similar a chatear y navegar por Internet. Pero quedaba llegar al nirvana,
porque lo más difícil y laborioso era asegurarse un puesto en el edén…
Ahora la NASA nos invita a subir plácidamente al cielo mediante un
ascensor sin brusquedad ni incomodidad alguna, desde la atmósfera
terrestre hasta una órbita geoestacionaria, posiblemente para surcar el
espacio… hacia otro ascensor que nos descienda sobre cualquier otro
satélite o planeta, siendo la Luna o Marte los primeras destinos
previstos.
Lo que
comenzó como un cuento, las habichuelas mágicas que crecían por encima de
las nubes y por las que Juanito trepaba, pasó luego a ser el estribillo de
la bamba: “Para subir al cielo, se necesita una escalera grande...”. Fue a
finales de los años 70, cuando el escritor de ciencia ficción Sir Arthur
C. Clarke imaginó y sentó las bases de los elevadores espaciales en su
obra “Las fuentes del Paraíso”.
Estos días, en la 3ª Conferencia Internacional sobre
el “Space
Elevator”
celebrada en Washington entre el 28 y el 30 de Junio de 2004, demuestra
que el proyecto es factible, sin insalvables impedimentos físicos ni
económicos. El ascensor se deslizará con motores de levitación magnética,
asido a un cable fortísimo pero liviano, construido con nanotubos de
carbono. Toda su masa, de apenas unas decenas de toneladas, quedaría
sustentada por el giro de la Tierra si su longitud es justamente de
143,800 Km., por la aceleración centrífuga del tramo más allá de los
36,000 Km., la altura de las órbitas geoestacionarias (si dispone de
tiempo suficiente, vea los cálculos en
www.zadar.net/space-elevator).
El punto de anclaje deberá estar sobre cualquier punto del Ecuador
terrestre, incluso partiendo de una plataforma en el mar.
Definitivamente resulta más viable subir a los cielos que descender a los
infiernos, porque el viaje al centro de la Tierra aún no tiene fecha, ni
técnica verosímil, ni se venden pasajes. Parece que, finalmente, los
proverbios celestiales se cumplirán: El cielo es para aquellos que piensan
en él, o el cielo ya está en la tierra, pero hay que saber encontrarlo. De
todas las citas, destaca una de Ignacio de Loyola: ¡Qué pequeña me parece
la Tierra cuando miro al Cielo! Tras esta noticia, algunos terrícolas
sentimos aún más admiración por el espacio y más devoción por el cielo.
|