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21.
El amor de mi vida
Miguel Carmena / www.mujernueva.org
La
mayoría de la gente reconoce que no sabe exactamente qué es el amor. Pero
todos coinciden en señalar que el amor es lo más importante en su vida, lo
único que llenaba su vida de felicidad.
Tengo
un amigo que es lo que yo llamo un “filósofo práctico”, es decir, un
hombre que ha hecho de su vida una búsqueda incansable de la verdad y de
la sabiduría para regir su vida. No es un teórico de la historia de la
filosofía, ni un profesor que dice cosas aprendidas en libros. Él dice que
construye su filosofía en la calle, en los taxis, en el bar, en el
mercado.
Desde
hace un tiempo está obsesionado con el tema del amor. Lleva varios meses
preguntando a todo el mundo qué es el amor y qué importancia tiene en su
vida. Sus resultados son curiosos. La mayoría de la gente reconoce que no
sabe exactamente qué es el amor. Algunos dicen que es “querer” a alguien,
otros afirman que el amor es “desear vivir junto a otra persona”, incluso
alguno le respondió que amor y tener relaciones sexuales era lo mismo.
Por
otro lado, a pesar de las diferentes definiciones de amor, todos
coincidían en señalar que el amor era lo más importante en su vida, lo
único que llenaba su vida de felicidad. Es curioso, todos anhelamos algo
que no sabemos muy bien en qué consiste. No sabemos lo que es, pero cuando
lo vemos, decimos “eso es amor” y “yo quisiera vivir así porque eso me
hará feliz”. Es lo que pasa cuando ves la película “Titanic”. Pasas más de
tres horas pegado a la pantalla y al final te quedas con el buen sabor de
boca de aquel hombre que dio su vida por amor y la dio feliz. Cuando ella,
la amada, Rose Dawson Calvert, arroja el diamante al mar, uno tiene dos
opciones: decir “qué tonta” o comprender que en ese acto se expresa la
fidelidad a un amor que da sentido a la vida y que vale mucho más que el
diamante más valioso. Eso es amor, es entrega al otro, pero no una entrega
superficial e inconsciente, sino una donación de alguien que no sólo
“quiere” al otro, sino que “quiere quererle” siempre.
Muy
bonito, pero estoy seguro de que se agradecería que lo explicase de forma
más gráfica, ¿verdad? Se me ocurre que el amor es como una hortensia, como
una rosa y como un edelweiss.
El
amor es como una hortensia. La hortensia es una flor muy
grande, de las más grandes que conocemos, pero si la observamos
detenidamente, nos damos cuenta de que está formada por miles de flores
muy pequeñas. La hortensia es grande por la unión de un sinnúmero de
flores que en sí mismas son casi insignificantes. El amor es igual. Los
grandes amores que tanto admiramos están hechos de muchos, de incontables
pequeños actos de amor. El amor se construye con actos casi invisibles de
entrega al otro, en los que se vive de verdad la entrega al amado con
generosidad, en las cosas más pequeñas. Sólo así se forman los grandes
amores.
El
amor es como una rosa. La rosa une la belleza de la flor a la
fuerza del tallo. Ese tallo hace resistente a la flor ante las lluvias y
el viento, pero también está lleno de espinas. Gracias a ese tallo, la
rosa se eleva por encima de las demás flores e impide que suban los
insectos y dañen a la flor. El amor es igual, mezcla belleza y fuerza,
amor y dolor. Un amor sin sacrificio personal nunca se hace fuerte, no
soporta la más pequeña lluvia; la más débil dificultad lo destruye. El
amor requiere estar sólidamente afincado en una entrega que es fuerte
porque se basa en la donación generosa, en la oblación sin esperar nada a
cambio. Sólo así se puede mantener la belleza del amor.
El amor es como un edelweiss.
El edelweiss es una flor que nace en las altas montañas. Se encuentra en
los parajes más insospechados, donde parecería que ya no puede haber vida.
No es como las margaritas que pueblan los valles con miles de flores
iguales y se hallan siempre en lugares de fácil acceso. No, el edelweiss
es solitario, pudoroso, está siempre lejos del alcance de miradas
indiscretas. No hay dos edelweiss iguales, cada uno es único, irrepetible.
El amor es igual, irrepetible, único, pudoroso. No está al alcance de
cualquiera. Hay que subir para encontrarlo. Hay que dejar atrás muchas
cosas y esforzarse por llegar a una cumbre juntos. El amor no es tanto
mirarse uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección. No se puede
buscar un amor auténtico a ras de suelo, en los sitios de fácil acceso. No
se puede pretender que el amor se repita de igual manera muchas veces. El
amor no es margarita, es edelweiss, es único. Amar es dejar muchas
comodidades, muchas seguridades, muchas facilidades y retirarse a la
aventura de la entrega total. El amor verdadero no está al alcance de la
mano. Hay que buscarlo, lucharlo, merecerlo. El amor no es para espíritus
vulgares apegados a las bajezas de los valles, sino para aquellos que se
sienten llamados a la pureza de la montaña donde sopla el aire limpio.
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