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22. Un rey muy débil

Walter turnbull

...las ranas notaron que el tronco no hacía nada grandioso, y se juntaron otra vez para reclamarle a Dios: “El rey que nos mandaste es muy débil”. Dios, entonces, mandó una serpiente.

Será difícil decir esto sin “meterse en política”. Y es que, en estos días, cualquier cosa que uno haga o diga puede ser tomado como política, complot o conjura. Si usted dice: “no al aborto”, está haciendo política. Si usted dice: “todos hay que votar”, está haciendo política. Si usted organiza una marcha contra la inseguridad, está haciendo política. Yo no pretendo hacer política, pero sí quiero apelar a la lógica y a la madurez.

He oído muchos chistes y comentarios sobre la “debilidad” de nuestro actual presidente, y también muchas críticas sobre asuntos personales que nada tienen que ver con su desempeño como funcionario público.

La crítica, siempre que se hace, debería ser objetiva, precisa, necesaria y constructiva. Yo siento que en nuestro país se ha popularizado el deporte de la crítica divertida. Se critica por diversión, o por recibir un pago (crítica prostituida). El ridículo es muy bien acogido en el mundo de la comicidad. Entiendo que durante el gobierno de Francisco I. Madero se dio un fenómeno parecido. Todo mundo se solazaba en criticar y ridiculizar. Finalmente tuvimos que regresar a una dictadura de la que todavía estamos sufriendo las consecuencias. No sabemos qué tanto influyó la crítica irresponsable, pero algo habrá tenido que ver.

De lo que más se acusa al presidente es de debilidad. Me recuerda una fábula de alguno de los fabulistas famosos El símil no es exacto, pero nos ilustra una parte del caso: Éste era un grupo de ranas que decidieron pedir a Dios un rey. Dios, sabiendo que en realidad no les hacía falta, les mandó un tronco de árbol, asegurándoles que el “rey” velaría por su bienestar. Al poco tiempo las ranas notaron que el tronco no hacía nada grandioso, y se juntaron otra vez para reclamarle a Dios: “El rey que nos mandaste es muy débil”. Dios, entonces, mandó una serpiente que rápidamente se las comió a todas. Eso sí era rey.

No quiero decir que un presidente no tenga que hacer nada. Ni siquiera opino si el presidente actual es bueno o malo, o si otro habría sido mejor a peor. Digo que debemos hacer nuestra parte y dejarlo hacer la suya. Debemos estar siempre abiertos al cambio, a la evolución, al perfeccionamiento de la sociedad y de sus instituciones. Una crítica juiciosa (valga la redundancia) puede aportar elementos para una mejora o para una buena elección. Una crítica infantil puede contribuir a una anarquía, que finalmente redundará en otra dictadura. Hemos visto pueblos que han tenido que pasar por una o varias dictaduras para aprender a madurar. Mientras sigamos jugando a la politiquita en lugar de hacer política en serio, ningún presidente ni ningún partido van a dar buenos resultados. Si seguimos quejándonos de la debilidad del rey, tal vez Dios tenga que mandarnos una serpiente. ¿O debería decir “volvernos a mandar”?

 
 

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