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3. Dios lo primero
Miguel Rivilla San Martín
La mayor parte de los cristianos,
aunque dicen amar a Dios, no colocan a Dios lo primero y en el centro de
sus vidas.
Aún
los mejores creyente suelen portarse cicateramente con Dios, su Padre. No
ignoran que todo lo que son y todo lo que tienen se lo deben a El, autor
de la vida y dador de todo bien. Saben que antes que ellos existiesen y
amasen a Dios, Él tuvo la iniciativa y les amó primero, llamándoles a la
existencia.
Conocen que Dios Padre les hizo hijos adoptivos suyos por el sacramento
del bautismo. Que Dios Hijo, Jesucristo, se encarnó, padeció, murió y
resucitó por ellos. Que Dios, Espíritu Santo, habita en ellos por la
gracia santificante. Que están llamados a formar parte de la familia
divina, la Sma. Trinidad, a vivir su misma vida divina por siempre y a
heredar todos los bienes sobrenaturales, en su casa del cielo.
Pues
bien, todo esto es olvidado o pospuesto, por la mayor parte de los
cristianos, cuando dan de lado o vuelven la espalda a Dios en sus vidas.
Acuden a él sólo cuando le necesitan y muy pocos son los que colocan a
Dios lo primero y en el centro de sus vidas. Parece que se han olvidado
del primer mandamiento del Decálogo:”Amarás a Dios sobre todas las cosas”.
He
aquí un motivo serio de reflexión para cuantos se toman en serio su fe y
el sentido último de sus vidas. Mientras algo o alguien, desplace a Dios,
ocupando lo primero en sus vidas, algo importante está fallando.
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