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4. Dios es tu futuro
Miguel Rivilla San Martín
Todos nos preocupamos por nuestro
futuro inmediato. ¿Por qué no prever y preparar el futuro definitivo,
que no es otro que el encuentro con Dios?
Un
pensador actual ha escrito: “La vida es como un paréntesis en el tiempo.
Se abre con el nacimiento y se cierra con la muerte. Poco importa que ese
paréntesis sea largo o corto. Lo que importa es lo que se ponga dentro de
él... A muchos la propia vida les produce vértigo”.
La preocupación de la Iglesia no es otra, que alentarnos para que nos
preparemos al encuentro -el más importante de nuestra existencia- con el
Señor. “Preparad el camino. El Señor vendrá” nos recuerda insistentemente
en su liturgia. “Vigilad, porque no sabéis el momento ni la hora”,
nos advierte Jesús en su Evangelio.
Y aquí, precisamente, está lo desconcertante. Todos nos preocupamos por
nuestro futuro inmediato. Hacemos planes de previsión, de
jubilación, de vejez, de enfermedad, de accidentes, de imprevistos, etc...
Pero ¿por qué no prever y preparar el futuro definitivo, que no es
otro que el encuentro con Dios?
Si
todavía no lo hemos entendido así , ojalá que pronto lo comprendamos y
obremos en consecuencia.
Hay
que llenar el paréntesis de nuestra existencia humana haciendo el mayor
bien posible.
Lo
verdaderamente importante en la vida no son las cosas, personas o asuntos
con que nos relacionamos ,sino Dios, que es nuestro futuro.
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