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8. ¿Identidad extraviada?
María Velázquez Dorantes
Los que dominan el mundo quieren
también definir nuestra identidad
Las
sombras de los efectos sociopolíticos y emocionales a escala mundial están
siendo realizados por solo un tercio de quienes creen dominar al mundo, a
las civilizaciones, a las poblaciones, a cada grupo existente y viviente.
Aún
con los diferentes determinantes que a cada hombre le gobierna, las
estratificaciones sociales y económicas cada vez se diversifican más, y es
solo una la que determina cómo gira su entorno, cuestionándonos acerca de
quiénes somos o quiénes son aquellos que establecen la importancia de la
persona.
Sólo
una voz se escucha, aquella que ignora la inseguridad, la violencia y el
crimen; aquella que instaura las reglas de nuevo juego de la personalidad
social, la que domina los medios y censura las bocas, esa voz lúgubre que
desecha la indigencia y la pobreza, los nuevos pensamientos que surgen
dentro de los profesionales, esa voz es la exterminación de una identidad
que trae soluciones o quiere proponerlas pero se han convertido en el
fósil social donde su preponderancia es el Súper Yo y después Yo.
Son
los egoístas que han masificado a la sociedad, permitiéndole de vez en
cuando un murmullo, pero quien grita es callado para siempre. Su rostro se
pierde tras el materialismo que en ellos es vigente, siempre está oculto
detrás de la palabrería y desconoce la otra cara del mundo.
Son
los responsables del anonimato cultural y del movimiento artístico, han
guardado las ideologías y han establecido una norma: sólo algunos tienen
jerarquía, ¿quiénes? Los que tienen el poder económico y por ello creen
que son dueños de la identidad social.
Son
los asesinos de gente inocente, sólo por el sentimiento de superioridad
que tienen, por las decisiones que toman aunque estas no sean las
correctas.
Las
poblaciones deben levantar su mirada y dirigir su voz que sí vale, y
callar aquellos que le han robado la personalidad, la idiosincrasia, la
identidad.
Hoy es
el momento de aprender a defender las costumbres, las tradiciones, los
valores, la dignidad humana.
Las
formas de vida no se engloban tan fácilmente, mientras exista la
resistencia de pensamiento, las trincheras que luchan el bienestar, las
ganas de ser uno mismo siempre se podrá arrancar el disfraz que
verdaderamente no tiene identidad.
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