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17. Inseminaciones
accidentales
Adolfo Carreto / www.avmradio.org
Además de adelantos técnicos se
necesita cabeza en quienes los implementan.
Y es
que estas cosas se veían venir. Algunos las llaman negligencias, y muy
posiblemente lo sean, pero es que las negligencias ante ciertos fenómenos
son mucho más que negligencias.
Resulta que la señora Kelly, de treinta y siete años deseaba quedar
embarazada según la técnica de la inseminación asistida y se encaminó a
donde debía encaminarse: al hospital y a ponerse en manos de expertos.
Pero se puso en manos de negligentes. Una enfermera tomó una jeringa y
procedió, pero desconocía el contenido de la jeringa. Que una enfermera
desconozca el contenido de una jeringa a la hora de proceder a inseminar
es mucho suponer. Que ninguno de los médicos haya tomado precauciones al
respecto, es también mucho suponer. Es decir, que se puedan unos
profesionales desentender tan alegremente de la vida y la muerte de los
pacientes, no hay quien lo entienda. Pues la jeringa que supuestamente
debería tener esperma preparado para intentar lograr una nueva vida
“contenía esperma no preparado, el cual había sobrado del mismo
procedimiento practicado a otra mujer dos días antes”. Así, tan fríamente
lo relata la noticia.
A uno
le vienen a mente muchas cosas, la primera es en manos de quién nos
ponemos cuando lo que intentamos es salvar nuestra vida o cuando lo que
intentamos en conseguir nueva vida. Pero también se puede pensar en las
medicinas y en quien nos las suministra. Pero hay más, si comenzamos a
pensar en los espermas sin saber de quienes son, en qué condiciones están,
qué es lo que pueden provocar nos metemos ya en terreno muy resbaladizo.
No solamente nos pueden matar; es que, además, no sabemos qué puede nacer,
que engendro se puede realizar, qué nuevas fantasías podemos seguir
creando.
Ahora
quieren indemnizar con 350,000 dólares a la mujer. Algo es algo, aunque se
me antoja que esto de querer subsanar solamente con dinero los
desaguisados por negligencia brutal, con las consecuencias posteriores, va
a llevarnos por mal camino.
Que
sí, que todo esto de las nuevas técnicas está muy bien, que la medicina
nos ha salvado la vida a muchos y continuará salvándonosla, pero que,
además de adelantos técnicos se necesita cabeza en quienes los
implementan. Cuando digo cabeza, quiero decir ética, quiero decir
responsabilidad, quiero decir sentido común. Y esto, que no se trata de
adelanto alguno sino de responsabilidad en la condición humana, pareciera
que no es moneda corriente en estos tiempos. Y no solamente en el
ejercicio de la medicina sino también en el ejercicio de la política, de
la economía y de la religión. Hay mucho negligente que está donde no debe
estar.
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