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18. La confianza

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

En una encuesta respecto a los valores y creencias de los ciudadanos, resulta que el 64% tienen mucha o bastante confianza en sus respectivas iglesias.

Pues no está nada mal que los ciudadanos sigan colocando a las iglesias de los diferentes credos en el sitial de preferencia entre las diversas instituciones con respecto al nivel de confianza. Tanto se ha hablado últimamente acerca de las religiones, las cuales no vienen siendo bien paradas en los comentarios divulgativos, que pareciera que están en baja. Pues mire usted que no. Y así lo atestigua una Encuesta Mundial de Valores, la cual ha presentado últimamente sus resultados.

Ochenta y un países han sido auscultados con respecto a los valores y creencias de los ciudadanos y las conclusiones son bastante halagüeñas para las creencias: el 64% tienen mucha o bastante confianza en sus respectivas iglesias. Lo que indica que las respectivas iglesias deben unir sus esfuerzos para intentar que los graves problemas que en estos momentos asolan a la humanidad indiquen los caminos a seguir. Dicho de otra manera, las Iglesias pueden y deben convertirse en las grandes fuerzas de presión para cambiar situaciones que cada día se hacen más insostenibles, como son las de todo tipo de violencia desenfrenada, la cual va desde la violencia física a las diferentes violencias psicológicas, o como son las de la depauperación y las exclusiones, también no solamente físicas cuanto espirituales.

Los 81 países consultados representan nada menos que el 85% de la población del planeta, así es que la muestra está bien sustentada.

Hay algunos datos que llaman a la reflexión. Por ejemplo, el que gran parte de los países europeos, que siempre se han ufanado de ser no solamente creyentes sino también practicantes, el porcentaje de aceptabilidad de las iglesias disminuye: del 64% mundial desciende al menos del 50%. Y digo que esto llama a la reflexión si recordamos cómo tanto el Papa Juan Pablo II como las diferentes Conferencias Episcopales han realizado esfuerzos gigantescos para que en la Constitución Europea aparezca la referencia al cristianismo como referente de la cultura de este continente. Pero el caso español es todavía más dramático. España, una nación creyente a ultranza, católica a ultranza, donde pareciera que la religión católica se estampa en todas las paredes, en todos los campanarios de los pueblos, en todos los cruceiros que bordean los caminos, en tantos y tan variados signos de religiosidad pública, ha descendido al 42%.

Un número muy significativo de españoles ya no toman como referente a la religión como lugar de consuelo y fortaleza, por ende “creen que no es necesario que un político sea creyente para que adecuado para ocupar un puesto público”. Lo dicen las encuestas, y por algo será.

 
 

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