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19. Las campanas de la
Catedral
Adolfo Carreto /
www.avmradio.org
Nos hemos acostumbrado a la
impunidad, y no solamente en casos de secuestros y desapariciones.
Estamos acostumbrándonos a la impunidad de cuanta estafa, crimen,
atentado ocurra en muchísimas latitudes.
Sonaron las campanas de la catedral de México a un tiempo que no
era el suyo, porque en México, las campanas de las iglesias, y desde hace
tiempo, solamente se hacen oír para el ritual de la misa. Durante diez
minutos, fuera de ese tiempo, estuvieron sonando las campanas de la
catedral para decir a todo el mundo, pero en especial a quienes tienen la
responsabilidad de controlar el crimen, que ya ha llegado la hora. Las
campanas, en cualquier lugar, siempre nos llaman a horas exactas: un
nacimiento, un bautizo, un difunto, un entierro, una procesión y, por
supuesto, la hora de la misa. En esta ocasión no fue por ninguno de esos
motivos o, si se quiere, sí, por la impunidad ante tanto crimen y tanto
secuestro como se produce en el país mexicano.
Dicen
las estadísticas que solamente Colombia gana a México a nivel mundial en
eso de los secuestros. Y dicen los manifestantes que pronto asumirán el
record si continúa la impunidad con los desalmados criminales. Así que ese
sonido de las campanas, y esas vestiduras blancas, inocentes, que llevaban
los manifestantes replicaban contra la impunidad.
La
gente, unas quinientas mil personas, estaban reunidas ahí, frente a la
catedral, completamente en silencio, escuchando ese dolor de las campanas,
porque cuando hay dolor el silencio es doblemente sonoro. No solamente se
movilizó el Distrito federal, también en Puebla, en Monterrey, en
Aguascalientes, en Tijuana y en otras muchas ciudades. En todas partes la
misma consigna: ¡Ya basta de impunidad!.
Y es
verdad: ¡ya basta!. Ahora bien, uno se pregunta ¿por qué la impunidad, por
qué no el castigo acorde según las leyes para tanto criminal suelto?
Durante estos días también en la ciudad de Caracas estamos presenciando
crímenes insólitos: alguien está dedicándose a asesinar a los indigentes
en plena calle. ¡Bastante tienen con ser indigentes, bastante sufrimiento
con dormir en las aceras, bastante con escarbar en los vertederos de
basura para su manutención! Ahora les ha venido encima una muerte nocturna
innominada y sin nadie que se haga responsable de ella! La indigencia no
se combate matando a los indigentes sino remediando sus necesidades!
Nos
hemos acostumbrado a la impunidad, y no solamente en casos de secuestros y
desapariciones. Estamos acostumbrándonos a la impunidad de cuanta estafa,
crimen, atentado ocurra en muchísimas latitudes. Esto de la impunidad está
convirtiéndose en pecado imperdonable. Dicen en mi pueblo que tanto peca
el que mata como el que tira de la pata. Pues quienes permiten la
impunidad son quienes tiran de la pata. Ojalá en México las campanas
vuelvan a sonar para lo que siempre han sonado.
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