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26. La (i)rresponsabilidad
del mal funcionario
Carlos Díaz
Los defectos estructurales del "vuelva
usted mañana" del Estado de funcionarios siguen siendo los mismos: todo
funcionario experimenta un empuje vertical y hacia arriba equivalente al
peso del funcionario desalojado... pero se desaloja poco. Parecemos oír al
Lucas Mallada del 1890: "En todas las partes del mundo hay un tanto por
ciento de personas que, acabadas sus carreras, ya no miran un libro,
recogiendo su título académico cual si fuese una patente de corso para
ganar grandes posiciones y muchas ventajas con el menor estudio posible;
pero aquí, donde tanta indolencia, tanta charla y tanta intriga imperan,
ese tanto por ciento debe ser una cifra verdaderamente asombrosa. Díganlo,
si no, esos ilustres varones, en cierto modo bienaventurados, que se
propasan a escribir libros de ciencia. A todos les sale la misma cuenta
final: (no los lee nadie!. Funcionariado es hoy en muchas partes del mundo
saqueo de los fondos estatales: "Nuestros antepasados decían que 'quien
hace bien al común no lo hace a ningún', pero nosotros, al paso que vamos,
tendremos que admitir como buena doctrina que robar al Estado no es robar.
Diariamente se dan noticias de desaparición de caudales, filtraciones,
irregularidades, chanchullos, infundios y otras mil suertes de
latrocinios. En las contratas, en los suministros, en los arriendos, en
las compras y ventas de propiedades, en la provisión de destinos y
concesión de ascensos, en los expedientes de mil clases, aquí donde tanto
papel se emborrona y tantos cartapacios se barajan y traspapelan, en los
tributos, en todo cuanto represente algún valor, allá donde haya subastas
o percepción de impuestos y reclamaciones justas o injustas, a bandadas
acuden aves de rapiña disfrazadas unas veces de formales empleados, o de
respetables personas, o de probos industriales y comerciantes, o
notándose, por el contrario, a tiro de ballesta que son cuadrillas de
bandidos las que se ciernen sobre el negocio".
Funcionariado es sinónimo todavía hoy de
impunidad: "Desde los jefes más respetables y dignos de los partidos
políticos, hasta el obrero más infeliz y pobremente retribuído en su
honradísimo trabajo, todos tenemos noticias de miles y miles de fraudes,
malversación de caudales y estafas, pero bien se guardará nadie de hacer
una acusación concreta, ni de citar un nombre propio. La administración de
justicia no tiene que ver con esos asuntos, pues por muchos robos que se
cometan en España no han de ir a la cárcel ni a presidio más que los
ladrones vulgares".
Funcionariado es sinónimo todavía hoy de
enchufismo: "Todo se fía a la recomendación y a la intriga. Aquellas
personas que hayan de liquidar cuentas con el Estado o con los municipios,
o hayan de cobrar atrasos, indemnizaciones, censos, cargas de justicia o
reintegros traspapelados, deben saber con anticipación qué tanto han de
sacrificar para no perder su dinero; y no hay almacenista, ni comerciante,
ni artesano que no se vea obligado a cargar un diez, un veinte o más por
ciento en las facturas abonables con fondos públicos, aunque procedan con
la mayor honradez del mundo".
Funcionariado es sinónimo todavía hoy de
burocratismo: "Cuando el escándalo llega a su colmo, o cuando los
explotadores de la fortuna pública cometieron algún descuido imperdonable,
se instruyen expedientes, se renuevan los cargos, se reparten algunos
palos de ciego, hay unos días de justicia de enero, pasados los cuales
vuelve la inmoralidad pública a desbaratar las paredes de la tierra floja
y mojada con que se pretendiera encauzarla o corregirla. Conocida hace
largo tiempo la afición a abusar de los intereses del Estado que se iba
desarrollando en España, se multiplicaron por todas partes y en todos los
servicios los medios de comprobación de cuentas, valores y operaciones. Al
efecto se crearon infinitos cargos de inspección, vigilancia,
intervención, contaduría, etc. La desconfianza por todas partes, sin
salvar la dificultad de no tener de quien fiarse. (Magníficas ideas, pero
de exiguos resultados! Nadie negará que con estos empleos se evitaron
algunos fraudes; pero tampoco que la inmoralidad pública creció a medida
que se ha complicado más que en el resto del mundo el armatoste
administrativo". Con funcionarios así, no hacen falta hornos crematorios:
los malos humos del funcionario están ahí, Hitler es el demonio que
llevamos dentro:
Mi abuelo fue peón de hacienda
y yo revolucionario,
mis hijos pusieron tienda
y mi nieto es funcionario.
La corrupción del funcionariado comienza
el día en que desaparece el universalismo moral de su cabeza y de su
corazón. Resbalando hacia abajo, el universalismo termina en nacionalismo
(o regionalismo, o autonomismo), gremialismo, familiarismo y egoísmo. El
alto cargo, el gran catedrático, el superdiplomático son de otro planeta.
Cierto neofuncionario dejó de venir al Instituto Mounier "porque ya soy
funcionario": había sacado las oposiciones de auxiliar administrativo.
Sólo la persona dotada de una excepcional santidad es digna de obtener la
suprema autoridad sobre los hombres, pues únicamente ella puede conocer a
fondo y comprender las leyes naturales de todos los seres vivos. Sólo ella
es digna de ostentar el poder y capaz de proporcionar abundantes bienes,
ya que posee un alma grande, generosa, dulce y amable. Sólo ella es capaz
de imponer la justicia y la equidad, ya que posee un alma elevada, firme,
serena y constante. Sólo ella puede granjearse el respeto de todos, por su
honestidad, sencillez, sinceridad, rectitud y justicia. Sólo ella puede
distinguir con claridad el bien del mal, pues posee un talento enriquecido
por el asiduo estudio, y una sagacidad perfeccionada por la exacta
investigación de las realidades más ocultas y de los principios más
sutiles.
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