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7. La mamá tiene siempre razón...

Felipe Santos

(Carta de una madre el día de su 31 cumpleaños)

Querido Jorge: Yo y papá te hemos dado la vida. Con la prisa del tiempo y del trabajo no te hemos dado instrucciones prácticas para tu uso. Y aunque sea un poco tarde, lo quiero hacer hoy.

Coge el timón de tu vida y elige el camino. Tienes esa posibilidad. No copies de los otros lo malo. Me doy cuenta, hijo, que elegir significa renunciar. Cuenta contigo mismo y con nosotros, no con la aprobación de los otros amigos. No dependas de las críticas y juicios que de ti hagan los demás. Tienes una conciencia: es a ella a quien debes obedecer. No tengas miedo. A vivir se aprende viviendo.

- El fin de la vida es ser felices, no llegar los primeros. No te compares con los demás: cada uno es distinto y cada cual tiene su valor. En lugar de compararte con los otros, observa con orgullo aquello que ya has realizado. Es la mejor autopista para tener éxito. Huye de lo malo: drogas, agresiones, informaciones falsas. Para conseguir subir a la altura hay que subir escalón tras escalón. Dice el hombre sabio: “La perfección no consiste en hacer algo bello o hermoso. Está en hacer lo que estás haciendo con grandeza y belleza”.

- Cualquiera que sea el problema, recuerda que puedes solucionarlo. Mira el bien y lo bueno que hay entorno a ti, y no te sometes nunca a los embaucadores. No juzgues teniendo como base las apariencias. Recuerda siempre las palabras de Jesús: “Mira lo que tienes en tus ojos y no lo que tiene el prójimo”. Los prejuicios y las opiniones falsas terminan por bloquearte. La curiosidad, la apertura y la acción te salvarán. Lo bello, lo bueno y lo útil son simples. Todas las formas del mal son complicadas, inútiles y pesadas.

- Sé el instrumento de una gran orquesta. Hay partituras maravillosas para cada instrumento. Aprende a tocar bien el instrumento de tu vida. En la gran melodía de la historia, el peso que te aguarda apenas se ha iniciado. Te servirán siempre la honestidad y la lucidez para conocer los talentos, las capacidades y los límites que tienes. No sueñes con fortunas sino con aquello que puedes realizar. Cada día debes participar: los otros son compañeros de camino, no enemigos.

- Puedes controlarte a ti mismo y ser responsable. Tus decisiones, tus emociones, tu realidad interior dependen de ti. No le eches la culpa de tu ligereza a los otros. Otro sabio afirma: “El mundo está bajo mi responsabilidad”. Tendrás que trabajar, tener compromisos profesionales. Para conseguir el puesto en el que sueñas, debes saber que hay leyes que deben respetarse. Cada uno, en el puesto que ocupa, tienes obligaciones que cumplir. Recuerda, hijo, que el mal y el bien coexisten y tú tienes conciencia para distinguir el uno del otro.

- No tengas miedo. El hecho de vivir entraña siempre algún riesgo. No tengas miedo de equivocarte ni de lo desconocido. No te aspavientes por los errores: contienen siempre una enseñanza para el futuro. Si progresas solamente en medio de errores y lo que enseñan, no llegas a ninguna parte. No te refugies en las costumbres o modas pues limitan el modo de vestir, comer y vivir.

- Vivir puede ser difícil. Vienen días en los que la depresión, el aburrimiento, la pérdida de las ganas de vivir y de trabajar se hacen presentes y oscurecen tu vida. Nunca te vengas abajo. Siempre hay luz para quien la busca. El estrés de la existencia golpea a las personas que van de prisa y llegan tarde. Están cansadas y no tienen tiempo para nada. En esos días, busca la dulzura, la luminosidad, la bondad y la maravilla de tantos otros instantes. Ríe a menudo porque es bueno para la salud. Recuerda que la alegría es como el sol.

- Sé honesto, gentil, respetuoso, tolerante. Se experimenta, es cierto, un sentido de rebelión contra la injusticia, la estupidez y la maldad. El egoísmo siempre es más cómodo. Si los mayores parecen demasiado arduos, difíciles, comienza por los pequeños. Pero mantente siempre contento contigo mismo. “Sacrificamos las tres cuartas partes de lo que somos con la única finalidad de ser como los otros”, decía el filósofo Schopenhauer. Ten siempre respeto de ti y de los demás.

- Aprende a amar. Incluso cuando veas en torno a ti divorcios y separaciones, piensa que es posible amarse para siempre. Amar es algo serio, no un juego. Ama a tus padres, a tus amigos, las personas que sufren. El corazón tiene necesidad de alivio y consuelo.

- Recuerda siempre a Dios y sus palabras. Confía en él cada día, y notarás cómo va germinando en ti la fe hasta inundarte de felicidad: si Dios es tu compañero de viaje, nada es imposible.

- Termino con una pequeña parábola, que es mi propia convicción. “Cuando Dios quiere que en el mundo se haga una cosa importante, actúa de forma especial. No lanza rayos y truenos, ni terremotos. Hace nacer un niño, a pesar de que su casa sea humilde y su madre muy pobre. Y Dios mete la idea y el fin en el corazón de la madre. Y ella las pone en el corazón del niño y después Dios espera. Los grandes eventos de este mundo son los niños, porque cada niño nace con el mensaje de que Dios no ha perdido todavía la confianza en la humanidad, sino que aguarda que la buena voluntad se encarne en cada vida humana”. Yo y papá hemos hecho lo mejor que hemos podido, ahora te toca ti.

 
 

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