4. Juegos olímpicos
Miguel Rivilla San Martín
Es curioso el uso que el apóstol San Pablo hace en
sus epístolas, del símil de los juegos
Siglos antes de Cristo (775) ya estaban
en vigencia, en Olimpia, antigua ciudad de Grecia, los así llamados Juegos
Olímpicos. De su práctica, estima y participación, dan fe, tanto
documentos profanos como religiosos.
Es curioso comprobar el uso que el
apóstol Pablo hace en sus epístolas, del símil de los juegos y
competiciones deportivas, que tenían lugar en las ciudades griegas por él
visitadas. Para estimular a los cristianos en la lucha contra el mal,
escribe: “El mundo es como un hermoso espectáculo, donde los ángeles y los
hombres nos contemplan”. Se propone a sí mismo el Apóstol, como ejemplo de
“corredor de fondo” en el combate de la fe.
He aquí un hermoso párrafo de su 1ª carta
a los Corintios: “¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren,
mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los
atletas se privan de todo; y eso, por una corona corruptible. Nosotros en
cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y
ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi
cuerpo y lo domino; no siendo que habiendo proclamado a los demás, resulte
yo mismo descalificado” (1Cor. 9.24-27). Y en la carta a su discípulo
Timoteo, ya casi en el ocaso de su vida, se expresa, bellamente, de este
modo: ”Porque yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento
de mi partida es inminente. He competido en la noble competición, he
llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Y desde ahora me
aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el
justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan
esperado con amor su Manifestación”(2Tim. 4, 6-8).
|