8. Lo
que fue, es y será
Víctor Corcoba Herrero
Sólo los buenos sentimientos pueden salvarnos del
riesgo de deshumanización que nos invade. Sólo existe un procedimiento
para ser feliz, donarse a corazón abierto.
La existencia humana es el mejor de los
poemas, el verso más logrado, la poesía más perfecta. Se podrá crecer por
la sabiduría, pero se siente más vida por el corazón. Ahora que está de
moda restaurarlo todo, quizás tendríamos que empezar por nosotros mismos,
asearnos por dentro para mantenerse erguidos. Sólo los buenos sentimientos
pueden unirnos, acercarnos más y ahorcarnos menos, salvarnos del riesgo de
deshumanización que nos invade. Hemos matado los sentimientos y caminamos
sin alma, rumbo a ninguna parte. Cuando el alma ha dejado de ser un olmo
de luz, las sombras ciegan y el lenguaje es un abecedario insensible. Nos
puede la furia del interés, el que jamás ha fraguado alianzas perdurables.
Cada día hay que tener más cuidado de abrir las puertas del corazón. La
compraventa todo lo puede, hasta penetrar en el recóndito sagrario del
corazón y sesgarle su libertad.
A pesar de tantos desórdenes, por mucho
que en apariencia cambien las cosas, en la naturaleza humana existe un
fondo inmutable. Lo que fue, es y será; mal que les pese a los que quieren
dominarnos a su antojo y pensar por nosotros. Podremos buscar las mejores
sensaciones, las más bellas palabras ponerlas en movimiento, pero sólo el
corazón es el único que encuentra el aire dando vida. Su mirada salva
todas las distancias. Para saber mirar hay antes que saber sentir. El alma
tiene tonos y timbres que la sabiduría olvida. Por ello, es tan saludable
descansar, hacer un alto en el camino y respirar profundo, recuperar
sentimientos perdidos y equilibrios destruidos por las condiciones de vida
actuales, más en continuo desaliento que de aliento. El mundo, que es un
efecto de afectos humanos, también anda desequilibrado. Ahí están sus
frutos: unos lo tienen todo, mientras otros carecen de lo indispensable
para la vida.
Si hubiese más corazón en el corazón del
ser humano, el mundo sería otro. Muchas vidas se la juegan a una carta. El
mar se ha convertido en el cementerio de los excluidos. Se rescatan
cadáveres sin soltar una lágrima nadie. A lo sumo, se dicen algunas
palabras para quedar bien. Nada nos dicen esos bebés en brazos de su
madre, tampoco los niños ceñidos al miedo. ¡Cuánta cruz soportada en
mujeres y hombres, apagados por la angustia y muertos de pena! Cuando hay
un sitio en el corazón, lo hay en la casa, en la que seguramente tendremos
animales y en la que, sin embargo, la cerramos a seres humanos. Hay tantas
cosas que sólo pueden juzgarse con el corazón, que si el corazón falla, la
razón se vuelve soberbia. Habría que acordar relanzar tantos sentimientos,
que mal obedecen las palabras, cuando las injusticias campean a sus
anchas.
Se dice que las ideas mueven al mundo,
pero no antes de trasformarse en sentimientos. No hay que exhibir fuerzas,
hay que ocultarlas, y sentir antes de comprender. El idioma del corazón es
lo más universal y puro, lo que aviva y vive. Sólo hay que ver un árbol,
tronchado su corazón, se seca. Hemos descarriado tantos latidos interiores
que resulta difícil hacer conciertos de paz. Detrás de tantas fronteras y
frentes, siempre hay comercios y juegos sucios. Personalmente nada me dice
que Europa pierda competitividad cada día, si a cambio gana corazón.
Cuando el pulso es verdadero, todo puede corregirse. De lo contrario,
seguiremos el camino del caos, acrecentando el número de suicidios y
reyertas de unos contra otros, porque los tormentos se pagan. La
psicología y la ciencia, por muchos avances que nos ofrezcan, será incapaz
de calmarnos. Sólo existe un procedimiento para ser feliz, donarse a
corazón abierto. Todos nos necesitamos de todos.
Lo de reavivar el corazón y poner de
nuevo la vida en el centro de los valores, es algo tan urgente como vital.
Los síntomas de malestar que se cuecen en el mundo son tan reales como la
vida misma, ignorarlos es de necios. Se han perdido todos los estilos, la
decencia de la docencia, el buen gusto y el sano gesto, los señores de
buen fondo y las señoras de buenos modales. Tampoco las gramáticas del
alma cotizan. Aquí tanto tienes, tanto vales. Somos puro negocio. A Dios
ya no se le coloca en ese horizonte luminoso, con un ojo inscrito en un
triángulo que todo lo ve y pacifica, como verdadero protector. Ahora se
pretende desterrar de la tierra a quien la creó. Prohibido hablar de Él. Y
yo me pregunto: ¿por qué no se prohíbe prohibir cuando tanto se habla de
libertad? Otros, más de lo mismo de siempre, pretenden repartir las
tierras. Las mafias del poder mandan, mientras los pobres se matan por
ellos. Nada importa la grandeza del Creador. Acallan su voz. Sólo matan en
su nombre. Desde luego, la perversión ya no tiene límites.
A pesar de los pesares, siempre hay un
anhelo. No es con la fuerza como se levanta a un pueblo, sino con un
sentimiento. Ahí está la riada de jóvenes que peregrinan a Santiago, con
la cabeza alta y el corazón alegre, dispuestos a hablar de Dios en un
mundo aborregado y a ser testigos de Cristo para una Europa de la
esperanza. Negar la evidencia demuestra pocas luces para forjar una España
de los ciudadanos, a los que hay considerar antes que nada personas. Bravo
por esos jóvenes que recorren Europa en bicicleta para pedir políticas de
ayuda a la familia, considerada una especie sin género por los borregos. Y
más bravura de poeta, por aquellos que lanzan primero el corazón y sonríen
como niños al amor; una lluvia fina que empapa y no moja, que los cielos
han vertido en el alma de ella y él, para restar penas y sumar poemas.
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