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“Pónselo claro”
Jose Ignacio Munilla Aguirre
La mujer llevaba la iniciativa bajo el marco
cultural de un “sexo responsable”; y la pierde en el contexto de un “sexo
seguro”... estas campañas pro-preservativo lo único que consiguen es
suscitar más promiscuidad.
La Consejería de Sanidad del Gobierno
Vasco lanzó una campaña a inicios del verano, con el lema “Pónselo claro”,
en la que se anima a la mujer a tomar parte activa en la difusión del
preservativo, en la lucha contra el SIDA.
Al margen de las consideraciones morales
que abordaremos posteriormente, la campaña “Pónselo claro” parte de un
presupuesto falso: No es cierto que el rol de la mujer haya sido
tradicionalmente pasivo, por lo que respecta a las actitudes de las que se
deriva un riesgo para la transmisión del SIDA, tal y como afirmó el
Consejero de Sanidad, Gabriel Inclán, en la rueda de prensa en la que se
presentó esta campaña de publicidad.
Por pura lógica; primero hay que “tenerlo
claro”, para luego poder “ponérselo claro” a la pareja. Pues bien,
tradicionalmente, la mujer ha sido quien más ha puesto de su parte para
defender la vivencia responsable de las relaciones sexuales; y, en
consecuencia, se lo ha puesto claro al novio, al ligón de turno y a quien
fuere menester. Por el contrario, en la medida en que la mujer se ha
“igualado al hombre” y ha “masculinizado” su sexualidad; es decir, en la
medida en que ha entrado en el juego de divorciar el amor de la
sexualidad, entonces ha pasado de tener un papel activo a tener un papel
pasivo. Dicho de otro modo, por mucho que escueza a algunos oídos lo que
vamos a decir: la “revolución sexual” ha sido la causa de que la mujer
pierda el rol activo que tradicionalmente ha mantenido en la sexualidad,
para pasar a un rol pasivo. Ha pasado de ser alguien que “decidía”, que
“disponía de la llave del la sexualidad”, a ser utilizada como un mero
“objeto de deseo”.
Y ahora resulta que viene el Consejero de
Sanidad del Gobierno Vasco queriendo “liberar a la mujer” de su pasividad:
«queremos que los hombres se familiaricen con la imagen de una mujer que
toma decisiones, y las mantiene, en el ámbito de la sexualidad», « hay que
trabajar en modificar los roles tradicionales asignados a hombres y
mujeres, de forma que sea socialmente aceptado que una mujer tome la
iniciativa y defienda su decisión de realizar sexo seguro». Pues aquí está
el problema que este tipo de campañas no quieren reconocer ni abordar: La
mujer llevaba la iniciativa bajo el marco cultural de un “sexo
responsable”; y la pierde en el contexto de un “sexo seguro” -que tiene
como única meta excluir el embarazo y los contagios-. ¿Y ahora se pretende
recuperar esa iniciativa femenina sin redescubrir la responsabilidad de la
sexualidad? ¡Imposible! No se puede solucionar un problema sin abordar sus
causas.
Estas campañas ocultan la verdad más
profunda: la única forma de prevenir la extensión del SIDA es la fidelidad
matrimonial y la vivencia de la sexualidad en castidad. Todo lo demás es
engañar a la gente, obviando que los preservativos tienen un tanto por
cierto de fallo en su utilización muy importante (del 10% al 30 %, según
diversos especialistas).
Añádase a esto que estas campañas ejercen
el efecto del “bombero pirómano”; queriendo apagar un fuego, lo único que
consiguen es alimentarlo más. Previniendo contagios, no hacen sino
suscitar más promiscuidad. Se ofrece desde las instituciones públicas, y
con el dinero de todos, una concepción totalmente trivial y frívola de la
sexualidad, haciendo creer que la mera capacidad fisiológica de los
jóvenes es suficiente para realizarlo, y reduciendo así el amor a una
simple búsqueda egoísta de placer. Con ello se mata la raíz del amor
verdadero, y se le reduce a la satisfacción inmediata que procura el
placer, sin integrar el sexo en su auténtica vocación como instrumento de
un amor que exige ser total y definitivo, al mismo tiempo que abierto al
don de la procreación.
En una palabra, esta campaña del Gobierno
Vasco destruye mucho más de lo que asegura. Socavada la capacidad para la
fidelidad y el respeto, se incapacita a las nuevas generaciones para un
amor definitivo y fiel. Se aumenta el vacío interior de nuestra sociedad y
se le condena a la infelicidad; porque la felicidad no es algo que se
pueda buscar directamente, sino que es siempre consecuencia de haber dado
lo mejor de sí mismo por una causa noble.
En realidad, quienes fomentan el “sexo
responsable” promueven una comunión de amor; mientras que las campañas de
“sexo seguro” provocan la soledad de la persona, sin poder excluir
totalmente la posibilidad de un contagio.
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