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13. Diferencias

Walter Turnbull

Le pese a quien le pese, las olimpiadas nos recuerdan que los hombres y las mujeres seguimos siendo diferentes.

Con esto de la “carta a los Obispos sobre la colaboración del hombre y la mujer...”, y con este asunto de la “filosofía de género”, y con esto de las olimpiadas... pensaba yo (bueno, alucinaba yo)...

La filosofía de género -para el que no esté apercibido- alega que las aparentes diferencias entre hombre y mujer, son sólo un “simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural” (CARTA A LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE LA COLABORACIÓN DEL HOMBRE Y LA MUJER EN LA IGLESIA Y EL MUNDO, capítulo 1, párrafo 2°), es decir, que las diferencias físicas entre hombre y mujer son una insignificancia fácilmente superable (para todo hay operaciones), y las diferencias anímicas y de conducta son cosas que la sociedad machista nos ha obligado a creer y a practicar.

Si esto es así, digo yo, ¿porqué las feministas no luchan por que ambos sexos compitan juntos en las olimpiadas? Que le entren al parejo en luchas, en box, en levantamiento de pesas, en gimnasia, en carreras, en futbol... Que demuestren que la diferencia es sólo una creencia. Esa separación en ramas varonil y femenil debe ser un insulto para las apologistas de la igualdad. ¿Porqué no han hecho manifestaciones frente al comité olímpico?

La respuesta es obvia: Sería absurdo, sería un suicidio. Aunque en la pantalla las heroínas acaben a patadas con los malosos, la verdad es que, en la vida real, las oportunidades de las mujeres de quitarle medallas a los hombres serían bajísimas, salvo en los deportes en que la diferencia entre sexos las favoreciera a ellas. Y muchísimas cosas habrá en este mundo en que la situación sería exactamente al revez: los hombres no tendrían ninguna oportunidad contra las mujeres.

He oído que decía Napoleón: “No importa cuánto los hombres se esfuercen por proclamar que todos somos iguales, la naturaleza se encarga de demostrar lo contrario”. En el caso de Napoleón la frase era malintencionada: pretendía justificar la opresión y la explotación de los débiles por parte de los fuertes.

En el caso de la lucha feminista, este hecho nos descubre una afortunada realidad: No importa cuánto la filosofía de género y las “feministas” se esfuerce en la eliminación de la mujer, las olimpiadas nos recuerdan que Dios nos hizo diferentes porque todos somos necesarios, y para que aprendiéramos a practicar la complementariedad, el respeto, la admiración y el servicio.

¡Viva la diferencia!

 
 

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