16. La autofinanciación
posible de la Iglesia
J. Antonio Doménech Corral
El catedrático de teología y miembro de la Academia
de Ciencias Morales y Políticas, Olegario González de Cardedal, recomienda
a la Iglesia católica la autofinanciación de todas sus actividades. ¿Es
ello posible?
La página web del arzobispado de Madrid
cuenta, entre otras, con la sección “Dossier de prensa” que diariamente
recoge los mejores artículos de opinión religiosos publicados en la prensa
nacional. En esta web, el pasado día 5 de agosto y con el título de
“Cuestión de mayorías”, el propio arzobispado madrileño se despachaba en
dura crítica contra la amenazadora declaración del ministro socialista de
Justicia, Juan Fernando López, abogando por la suspensión de la
financiación preferente del Gobierno a la Iglesia católica. Y en él se
preguntaba el ente eclesiástico: “¿Es razonable que tengan los mismos
derechos y ayuda estatal religiones que cuentan con cien mil personas,
respecto a otras que cuentan con más de 20 millones?” Porque el origen del
actual enfrentamiento Estado-Iglesia abierto en España está en la
anunciada decisión del Ejecutivo de legalizar la unión de parejas del
mismo sexo, equiparándolas a los matrimonios tradicionales.
Sin embargo, la sangre no ha llegado al
río. Estoy seguro que gracias al tiempo de vacación estival que este mes
se encuentran disfrutando ambas partes, que ha contribuido a reducir
tensiones y obrar el milagro de las respectivas rectificaciones habidas en
un breve plazo. “Donde dije digo, digo Diego” que sentencia la sabiduría
popular. Y así, mientras que el Gobierno se ha apresurado a anunciar ya
públicamente que “no piensa modificar los acuerdos con la Santa Sede”
(artículo sobre la financiación de la Iglesia, 1979), el cardenal Rouco,
arzobispo de Madrid, mostraba también su satisfacción retirando
inmediatamente de su página web, el mismo día de la publicación, el citado
artículo. ¿Resuelto, por tanto, el duro enfrentamiento?
Circunstancialmente. En mi opinión, hasta que el Gobierno disponga otros
proyectos de ley comprometidos con las minorías que le prestaron su voto y
que contradicen igualmente las enseñanzas de la Iglesia que conforman la
identidad moral de la mayoría. Entiéndase, por ejemplo, el de ampliación
del aborto. Entonces volverán los momentos conflictivos.
Por este motivo, y porque la Iglesia
cobre de una vez por todas y para siempre la total libertad de hablar sin
comprometer materiales ataduras, estoy con el catedrático de teología y
miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Olegario González
de Cardenal, que en un reciente curso impartido en Santander recomendaba a
la Iglesia “ir hacia una autofinanciación”. Concretamente sobre la base de
una cooperación entre las distintas diócesis españolas, teniendo en cuenta
las diferentes disponibilidades de cada una de ellas; ya que “algunas
tienen capacidad, como Madrid, Valencia o Sevilla, pero otras casi
desertizadas como Soria o Ávila, con más dificultades”.
Porque es cierto que la mayoría de los
fieles católicos viene comportándose ahora como ignorante y despreocupada
de las verdaderas necesidades de su Iglesia. Por aquello de creer que ya
se ha cumplido con señalar la casilla correspondiente en la declaración
anual de Renta y testimoniar su colaboración -más simbólica que efectiva-
echando unas monedas en el cepillo, cuando acude a las celebraciones
eucarísticas. Pero llegado el caso de verse privada de ayuda económica,
vía Presupuestos Generales del Estado, estamos seguro que cambiaría su
actitud volcándose en compensarla suficientemente. Y no sólo los fieles
practicantes, sino también los eventuales, alejados, meros simpatizantes y
hasta agnósticos que siguen considerando la moral católica como el único
referente válido para la sociedad. Hay prueba fehaciente de ello. Y es la
aportación del diezmo bíblico de los ingresos que hacen las familias,
pertenecientes a alguno de esos modernos movimientos religiosos surgidos
del Vaticano II. Sostiene a la parroquia donde están acogidos y a los
miembros del grupo necesitados.
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