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18. Católico y empresario

Jaime Septién

La historia de don Lorenzo Servitje Sendra (México, 20 de noviembre de 1918) es sencilla: surgió del esfuerzo personal y familiar; fundó Bimbo y desde los 45 años combina la tarea de producir junto a la labor social.

La historia de don Lorenzo Servitje Sendra (México, 20 de noviembre de 1918) es sencilla: surgió del esfuerzo personal y familiar; fundó Bimbo y desde los 45 años combina la tarea de producir junto a la labor social. Ahora, con 85 y medio de edad, es reconocido. Le acaban de dar una condecoración, la Woodrow Wilson, por ser un ciudadano entregado a las mejores causas de su sociedad; «ciudadano corporativo», aunque sería mejor llamarlo «católico». Es el primer mexicano que la recibe.

Cuando la mayoría ya estarían retirados, cumpliendo sueños inacabados, pero casi siempre personales, don Lorenzo organiza marchas en contra de la delincuencia, promueve asociaciones para favorecer lo mejor que hay en los medios, soporta financieramente asociaciones de empresarios cristianos e impulsa redes de familia o institutos generadores de ideas-fuerza para el cambio social, como el IMDOSOC.

Cuando existe en el interior de un ser humano el fuego cristiano, no hay edad ni circunstancias «favorables» o «indispensables» para volcarlo en amor al prójimo. El liderazgo de don Lorenzo ha sido ganado a pulso. Él mismo define al líder con una virtud: amor por los demás. Se es líder mediante el testimonio. Es difícil construirse una prominencia social a base de imagen, mercadotecnia o relaciones públicas. Bimbo, la empresa de su vida, es referencia obligatoria para los mexicanos. Se ha colado en el habla cotidiana. La gente va y pide a la miscelánea «un pan Bimbo», refiriéndose a cualquier pan de caja. Detrás de esto hay mercadotecnia, sí, organización, también; pero, sobre todo, compromiso con el consumidor: no venderle gato por liebre; no tomarlo nunca como materia de explotación, sino como un socio de la organización empresarial, de la cadena comercial y de la economía de consumo.

San Agustín enseñaba que lo superfluo del rico es producto del robo al pobre. En una sociedad de robo institucionalizado, el rico puede volverse cada vez más rico, a condición de que el pobre se vuelva cada vez más pobre (pero no tanto como para dejar de consumir). El empresario católico, como don Lorenzo, sabe esto, se duele con esto, busca restituir, desde organizaciones, donaciones y participación, el tejido social roto por la injusticia.

El lema de Bimbo resume toda la filosofía del éxito de la empresa y del empresario: ser altamente productivos y plenamente humanos. Lo uno va de la mano con lo otro. Se llama responsabilidad comunitaria; se llama ciudadanía de pleno derecho. Se llama cristianismo. Nadie pide que se sustraiga la utilidad de la propiedad. Sin utilidad no hay empresa. Pero una cosa es atesorar la utilidad y otra, muy diferente, desparramarla para hacer crecer al hombre. La lección pedagógica de don Lorenzo Servitje perdurará en la memoria de México.

 
 

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