19. Orientar la voluntad personal hacia
una mística activa
Carlos Díaz
Rubicones aún pendientes para la transformación de
la realidad por la transformación de las almas.
Ni siquiera bastan hoy las ciencias
"humanas", complacidas en proclamar vaguedades respecto de un hombre
genérico o abstracto, pues son meros estudios curriculares sin utopía,
mero ornato. Por el contrario, las cosas no solamente son como son, sino
también como podrían ser. A qué queda reducida la realidad de tantos
eunucoides cuando salen de su biblioteca? Una identidad narrativa no se da
en tercera persona. Cuando hablamos de orientar la voluntad personal en el
sentido de una mística activa, no proponemos misticismos de vía estrecha,
sino una voluntad de rigor atenida al dato, sin ignorar que también el
dato puede ser modificado por la voluntad: solamente existe un medio, la
transformación de las almas. He aquí nuestros Rubicones aún pendientes:
Rubicón de la solidaridad: ¿Vivimos según vivieron los primeros
cristianos? Nadie debería hablar hasta no hacer suyo el rostro de la
viuda, del huérfano y del extranjero, rostros de misericordia; pero la
verdad tiene demasiados predicadores y pocos mártires, de ahí nuestra
escasa credibilidad ante el mundo.
Rubicón de la sabiduría: Tomistas, personalistas,
propinqueextratomistas, etc., no hemos sabido formular una episteme
trasversal... Existen multitud de revistas cuasiparroquiales pero ninguna
gran revista católica común.
Rubicón de la vida pública: Tampoco podemos presumir de bien
avenidos Quicos, Carismáticos, Comunión y Liberación, Comunidades de Base,
Opus Dei...
Rubicón de la mística: Los islámicos rezan cinco veces al día y
ayunan durante un mes, los judíos estudian porque el estudio es para ellos
también oración, los católicos son los que peor conocen sus propios textos
sagrados y menos rezan; fragmentada la vida, resulta átono lo místico
vinculador. ¿Qué hacer ante estos Rubicones no vadeados?
Rubicón de la acción: Sin alardear de radicalismo (los radicales
son silenciosos, testimoniales y autoexigentes), a la gente si le pides
poco te da menos. Se muere hoy más de éxito (“realismo que ya no reza”)
que de rebeldía. Para saber ciertas cosas no necesitamos poseer un
entendimiento omnisciente como el postulado por Laplace. ¿En qué mundo
queremos vivir? Los imponentes puentes se están construyendo fuera del
cauce de los ríos, por eso para que a unos les vaya bien, a otros les
tiene que ir mal: ¿a quiénes, cuánto tiempo? La urgencia, la com-pasión,
la misericordia son la medida de la razón profética, ese dolet ergo sum
que ha de hacerse presencia significativa. Así pues, sea nuestra vida
signo, gesto y parábola del Reino. Con nuestro gesto-denuncia hacemos una
huelga permanente frente al consumismo; una huelga de obediencia/libertad
frente a tanto servilismo; una huelga de pobreza-desprendimiento frente al
hambre; una huelga de virginidad frente a la sensualidad, el
individualismo y el desamor. Y, dada la inseparabilidad entre vida privada
y pública, hay que participar en mediaciones institucionales.
Jesús es el modelo en la toma de decisiones; su conducta nos sitúa ante la
disyuntiva de pensarnos como seres para la muerte o como seres que ofrecen
la muerte para la vida.
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