20. La defensa
...es verdad que a la hora de defender lo que hay
que defender, ninguna institución ha puesto tanto ahínco como la
institución eclesial.
El catalán Jordi Pujol ha salido en
defensa de la Iglesia católica como hay que salir, con todos los hierros.
Ahora que ya no es presidente de la Generalitat puede que sus palabras
sean más creídas, porque eso de ser político y además presidente de una
autonomía y salir con todo ímpetu a defender las gestiones evangelizadoras
de la iglesia católica pareciera salirse de tono, por aquello de que cada
quien que ocupe su escaño. Y viene Jordi Pujol y dice que el escaño de la
iglesia no es la sacristía, que ese es un escaño muy reducido y de puertas
adentro. Y para que no queden dudas ahí van las palabras del eminente
catalán: “La Iglesia tiene el deber y la responsabilidad de iluminar la
conciencia de los católicos -y de los que sin serlo quieren oírla-
cuestiones claves de muchas cosas que atañen a la dignidad de la persona,
a la familia, al respeto a la vida desde el momento de la concepción, a la
integridad física o al honor. Ante la defensa de esos derechos no se puede
ser neutral ni permanecer callados como si nada estuviera en juego”.
Pues dicho así, ya sabemos, hay que sacar
los púlpitos, los modernos púlpitos, a la calle sin que nadie se ofenda, o
aunque se ofendan.
Es verdad que en la Iglesia no todo es de
color rosa, pero evidentemente no todo es de color negro, ni siquiera una
mínima parte. Es cierto que muchos voceros católicos no siempre han
respondido con la nitidez con la que debían hacerlo, pero es igualmente
verdad que a la hora de defender lo que hay que defender, ninguna
institución ha puesto tanto ahínco como la institución eclesial. Es verdad
que hay que podar muchas ramas, pero no lo es menos que hay que seguir
fortaleciendo la arboleda.
Pienso que a las cosas deberíamos
llamarlas por su nombre y también señalar con nombre y apellido a todos
aquellos que se salen del rail, en política, en religión o en lo que sea.
Estoy convencido de que identificar a las instituciones con los personajes
que las degradan no acarrea beneficio alguno. Quien la hace, que la pague,
que para eso están las leyes cuando las leyes están donde tienen que
estar, pero no meter a todo el mundo en el mismo saco. Porque, hasta donde
yo sé, son más en la iglesia católica los que han dado su vida por causas
justas que quienes han cometido algunas o muchas injusticias, creo que son
muchos más, y en toda la historia, los sacrificados que los aprovechados.
Que también los hay, es verdad, pero que no son los más, desde luego.
Me ha
gustado la posición de Jordi Pujol, por valiente, por decir lo que piensa
y por describirnos a esa fauna de políticos que él conoce tan bien.
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