7.
Sabio Fabio
Mikel Agirregabiria Agirre
La felicidad impide llevar un diario, sea un
periódico o un simple memorando en un cuaderno.
Lope de Vega creó un
personaje imaginario con quien hablar para convertir los monólogos en
diálogos. Su reconocido soneto "Mientes Fabio" termina así: "-¿Entiendes,
Fabio, lo que voy diciendo? / -¿Y cómo no entenderlo? -¡Mientes, Fabio, /
que yo mismo que lo digo, no lo entiendo!". La vida y, más aún, la
felicidad son asuntos demasiado intrincados para quien esto suscribe y,
por ende, para mi sempiterno interlocutor Fabio. Esto pensaba yo, a la
sombra de mis Ficus Benjamina, tras un largo viaje en coche, y sin
apetitos para pergeñar alguna reflexión en mi weblog
www.agirregabiria.com
por el consejo: "Si conduces, no escribas".
Mas es preciso continuar. Dicen que en la
vida, lo más difícil no es empezar, ni siquiera acabar, sino seguir y
persistir sin abandonar. Así pues, sólo una nota de perseverancia ante la
inocultable falta de inspiración. Cada uno de nosotros prefiere un lema,
una divisa con la que se identifica. Hace tiempo, elegí dos. Una que
Cervantes pone en boca del Quijote: "Podrán los encantadores quitarme la
ventura, pero el esfuerzo y el ánimo les será imposible", que declara la
voluntad de no ceder jamás ante las desgracias. La segunda, menos
literaria pero más realista, más madura procede del pragmático político
Theodore Roosevelt, que fue Premio Nobel de la Paz en 1906: "Haz lo que
puedas, con lo que tengas, donde te encuentres". Esta segunda máxima,
interpretada en términos de humanidad, apela a que siempre cabe hacer el
bien, sin importar dónde ni cómo estemos.
"Déjate, Fabio, servir" es un refrán para
dar a entender que los honores u obsequios no deben ser rehusados. Pero no
existe mayor honor que cuidar a los demás. Mi padre, sabiamente nos decía:
"¿Qué prefieres: ayudar o ser ayudado?". En vacaciones es muy fácil sacar
un poco de tiempo, aún a costa de cumplir con el diario personal, para
auxiliar a los demás. Ya lo señaló el genio de Beethoven: "El único
símbolo de superioridad que conozco es la bondad".
Los dos Ficus de ramas enlazadas siguen
deshojándose lentamente. No existe mejor metáfora de la brevedad de la
vida que esas hojuelas amarillentas que caen. Antes de morir debieron
cumplir con su misión, respiraron para toda la comunidad que forma el
árbol, transformaron el aire y el agua en savia vivificante. Mueren, sí,
pero proclamando que han vivido con integridad, cumpliendo con su deber
hasta el momento final. ¿Ahora entienden por qué a uno de estos Ficus le
llamo Fabio?
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