13. Los ancianos
Adolfo Carreto
140,000 ancianos están solos en Madrid. “Solidarios
para el desarrollo” busca personas que solamente dos horas a la semana
acompañe a estos ancianos.
La tercera edad ha sido revaluada, es
verdad. Durante mi infancia el anciano sesteaba en casa propia y aldeana
todos los recuerdos de una vida que había ido pasando y que ya no tenía
marcha atrás. Yo recuerdo a los ancianos de mi pueblo con muchísima
dignidad, intentando unos algunos paseos solitarios, sentados otros en los
poyos de las puertas esperando quién sabe qué, apenas sin quejarse,
aceptando un destino que solamente puede imponer el destino. Vivían menos
los ancianos de antes pero, eso sí, vivían más resignados. Y no digo que
esto fuera una virtud, más bien, sí, una costumbre.
En aquel tiempo, por no haber, no había
residencias para ellos, no al menos como las hay ahora: ni en cantidad ni
en calidad. En aquel tiempo quien todavía tenía fuerzas y ganas para
contar, nos contaba, nos iba desgranando nuevamente una vida, a veces con
sonrisa en los labios, a veces con muecas incomprensibles, y a veces
también con evidentes signos de pesar. Ahora la sociedad no solamente ve
de otra manera a la vejez sino que la vejez también se ve de otra manera a
sí misma.
Pero siempre se dan en el camino
tropiezos que a veces cuesta creer, y mucho menos aceptar; como éste que
me trae hoy la redacción de Europa Press: “Se necesitan voluntarios para
atender a 140,000 ancianos que están solos en Madrid”. El ruego lo ha
lanzado una ONG: Solidarios para el Desarrollo. Entre los datos que
aportan es que un cuarenta por ciento de estos ancianos supera los ochenta
años de edad, y otro de los datos, quizá el más escalofriante, es que
“muchos de estos mayores viven con sus familias el resto del año, pero al
llegar el verano son abandonados al ser considerados un estorbo”.
Uno puede sentirse indefenso, sin
fuerzas, con muchas disminuciones, pero llegarlo a convencer, y
precisamente por los suyos, que son un estorbo debe de ser casi un
anticipo de la muerte.
Quizá lo que no terminamos de entender es
que hacia ese final nos encaminamos todos; es un camino que no tiene
retorno. Y sería muy bueno el poder vivirlo al menos con un mínimo de
dignidad.
Solidarios para el desarrollo lo
intentan. Continúan buscando voluntarios. Quieren, entre otras cosas, que
estos voluntarios rompan la soledad y mejores la autoestima de los
ancianos. Así es que se buscan personas que solamente dos horas a la
semana, acompañen a los ancianos a dar un paseo o simplemente hablen con
ellos, “ya que muchos no reciben visitas durante meses ni hablan con nadie
durante días. Algunos ni siquiera pueden salir a la sala por impedimentos
físicos”.
Pues con dos horas a la semana tenemos
mucho que aprender, sí, por la boca delos ancianos.
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