14. Los clubes
Adolfo Carreto
Bush quiere enmendar sus relaciones con los
musulmanes a costa de Europa y del cristianismo.
Los clubes son eso, exclusividades,
lugares de agrupamientos de personas con afinidades comunes. Hay clubes de
todo tipo: culturales, deportivos, para el ocio y la recreación, para el
reforzamiento de la nacionalidad de aquellos que han tenido que salir
fuera de su nación, clubes de empresarios. Además, los clubes son
restringidos, son, la mayor parte de ellos, excluyentes.
George W. Bush ha dictaminado que la
Comunidad Económica Europea se ha convertido en un club y que eso no puede
ser. Pero lo que es más deplorable políticamente es que el presidente
norteamericano ha querido convertir a la Unión Europea como un club
exclusivo de una sola religión, por supuesto, de la religión cristiana.
Ciertamente, Europa es mayoritariamente cristiana, católica y protestante,
pero no exclusiva, y nunca lo ha sido, y menos ahora con toda la
inmigración que está engullendo la Unión Europea.
Bush presiona para que Turquía sea
incluida en la Unión Europea, y se lo ha dicho a los turcos textualmente:
“Incluir a Turquía en la Unión Europea demostraría que Europa no es el
club exclusivo de una sola religión, y dejará al descubierto que el choque
de las civilizaciones es un mito pasajero”. A mí se me antoja que esto es
echar leña al fuego, y que el señor Bush una vez más quiere mezclar la
religión con la política, y hasta con la economía.
Los europeos se han negado, al aprobar la
Constitución, incluir la referencia al cristianismo como raíz del ser de
Europa. Lo cual quiere decir que no se puede hablar, ni metafóricamente,
de club de una sola religión. Y los europeos tienen toda la razón al
considerarse tradicionalmente cristianos, simplemente porque es así. La
cultura europea es de raigambre cristiana, y eso no se puede negar. El
Papa ha luchado mucho para que esta realidad quedara patente en la
Constitución europea y no lo ha logrado, simplemente porque gran parte de
los europeos están convencidos de que su continente, ahora, es
eminentemente pluralista.
El choque de civilizaciones no es un
choque entre religiones, aunque a veces pudiera parecer; el choque de
civilizaciones es un choque de valores, que es algo bien distinto.
Lo que no se puede aceptar es que ahora,
y en período electoral, el presidente Bush quiera enmendar las relaciones
francamente deterioradas por su política entre los musulmanes y los
estadounidenses. Es bueno que las enmiende, que falta le hace a todos,
pero no a costa de Europa y menos a costa de la religión cristiana.
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