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20. Pagarse la religión

J. Antonio Doménech Corral

Defender la propuesta sugerida en algún medio de que “el que quiera religión que se la pague”, justificaría también defender “el que quiera sanidad, deporte, cultura y otras partidas incluidas en el Presupuesto Nacional -de las que no todos se aprovechan- que se las pague”.

Estoy de acuerdo con la libertad de opinión y de su manifestación pública; pero siempre que se cumplan, por lo menos, estos tres supuestos: conocimiento básico del tema, buenas maneras en su planteamiento y respeto por el que no la comparta. Y esto que parece moneda corriente en la prensa escrita, seguramente porque está en manos de profesionales, es rara avis en los medios cibernéticos que de cualquier noticia invitan al comentario escrito. Porque a la mayoría de sus autores los descalifica la grosería con que se expresan, creyéndose amparados por el anonimato de la contraseña con que aparecen.

Yo quiero referirme a la opinión “el que quiera religión que se la pague” y de que no se invite también a otras confesiones religiosas “al saqueo de dinero público que lleva practicando históricamente la Iglesia católica en solitario”, aparecida en cierta página web y compartida por casi la totalidad de los incorporados al foro. Sirve de respuesta al anuncio hecho público el pasado 30 de junio por el ministro de Justicia español, Juan Fernando López Aguilar, de conceder al Islam 30 millones de euros anuales y otras cantidades a protestantes y judíos, “porque -añade el artículo de opinión- resulta indignante vivir con un gobierno que se dedica a robar a sus ciudadanos centenares de millones de euros para entregarlos a la difusión de algo tan privado y personal como la religión”.

En primer lugar, nada de saqueo de dinero público por parte de la Iglesia católica. Hay que tener presente que, de los 133 millones de euros recibidos del Estado el pasado año, 90 lo fueron por voluntad expresa de los ciudadanos españoles hecha constar en su declaración del Impuesto sobre la Renta, cumplimentando la casilla correspondiente. Y de los 43 restantes, tampoco se puede echar en olvido la ley general desamortizadora de 1820 por la que el gobierno de entonces se apropió de los bienes de la Iglesia, causa remota de esta especie de asignación compensatoria. Y no es que personalmente me oponga a esta última decisión del ejecutivo, puesto que se trata de un derecho de “cooperación” reconocido en el artículo 16,3 de la Constitución española y que asiste tanto “a la Iglesia católica” como a “las demás confesiones”. Porque el Estado puede ser laico y por tan justo motivo desentenderse del tema religioso; pero no lo es la sociedad española que se muestra claramente pluriconfesional y a la que tienen obligación de asistir y servir los poderes públicos “teniendo en cuenta sus creencias”, según se afirma en el mismo artículo. Sin embargo, lo que ya no parece proporcionalmente equitativo es la cantidad barajada desde el ministerio si tenemos en cuenta que el número de católicos españoles, sobre el papel, ronda el 83% y el de islamistas apenas el 2%. Y que por otra parte la Iglesia católica, prescindiendo de otros poderosos argumentos, sólo con sus acreditadas organizaciones de Cáritas y Manos Unidas, copa el mercado de la solidaridad asistencial invirtiendo: la primera, más de 25 mil millones anuales de las antiguas pesetas y la segunda, siete mil; cantidades de las que únicamente un 30% se han debido a subvenciones públicas. Es decir, que recibe; pero también da y presta un servicio. Lo más razonable sería destinar igualmente a cada confesión la asignación tributaria que en el Impuesto sobre la Renta (IRPF) apoyen sus seguidores, mas la proporcional dotación presupuestaria directa.

Pero defender “el que quiera religión que se la pague”, justificaría similar descabellado posicionamientos en temas como la sanidad, el deporte, la cultura, el desarrollo, la seguridad y tantas otras partidas que se incluyen en el Presupuesto Nacional, de las que no todos se aprovechan de todas y en las que cabría interpelarse lo mismo: el que lo quiera que se lo pague.

 
 

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