24. Vitral en el abismo
José Prats Sariol
La revista Vitral cumple diez años. Obra del
Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa, Vitral exhibe su
inalterable independencia y valentía y su inquebrantable coherencia y la
fidelidad a sus principios, acompañadas de una creciente calidad.
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Con qué seguro paso el mulo en el abismo
José Lezama Lima
La revista Vitral
cumple diez años. En este borrascoso verano cubano del 2004, allá en Pinar
del Río se celebrará el empecinamiento, la voluntad creadora, el espíritu
fundacional de un desafío a los “no hay nada que hacer”, al miedo y al
silencio. El festejo congregará a cientos de católicos y no católicos en
el amplio patio adjunto a la Diócesis, congregará -igual que disfrutamos
el año pasado- a los que sienten la libertad de expresión como derecho y
deber universales, como reto contra los soberbios o enmascarados modos del
totalitarismo.
Bajo el reciente
comunicado de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, donde se
exhorta al diálogo reconciliatorio como única vía para garantizar una
transición lo menos traumática posible, Vitral celebrará su décimo
aniversario con el mismo lema de su número inaugural: “La libertad de la
luz”. Allí se recordará aquel 1994 de hambre y miserias, de indefensiones
y desencantos, de balseros y tímidas medidas de apertura. La obvia
analogía con el 2004 presidirá -coincidencias y diferencias- la
conmemoración.
Tal vez se recuerde el lúcido Editorial
del No. 50 contra el inmovilismo, de exacta pertinencia hoy: “Si no nos
preparamos para el futuro, nos sorprenderán los cambios inevitables y será
el caos y la violencia que nadie quiere (...) Pensémoslo sosegadamente.
Cese la crispación. Ceda la presión para que disminuya el miedo. Demos
espacios de auténtico debate público. Pongamos en manos de todos los
ciudadanos toda la información y no las partes de ella que nos convenga.
Confiemos en que las personas son seres normales que, con sus pobrezas y
limitaciones, pueden informarse, discernir, elegir y equivocarse. Lo otro
no es ni humano, ni considera a los demás como lo que son”.
Obra del Centro
Católico de Formación Cívica y Religiosa, Vitral exhibe su
inalterable independencia y valentía bajo la misma declaración de fe de
hace una década: “Tan policroma y plural quiere ser nuestra revista como
escasos son, en nuestras ventanas actuales, la diversidad de diseños y
matices”. Su inquebrantable coherencia, carente de los cantinfleos que
ciertos politiqueros y diplomáticos teatralizan, siempre ha deseado “salir
de la postración por los caminos de la creatividad”. Hay que admirar cómo
contrasta con otras publicaciones cubanas, tanto las oficiales que en el
insilio dominan la información, como también algunos medios
internacionales que se hacen eco del arcaico, tambaleante monólogo.
Pero esa actitud no
valdría de mucho si no estuviese acompañada de una creciente calidad.
Invito a recorrer sus números para que pueda verificarse el
profesionalismo. Estemos o no de acuerdo con algunas de las tesis
expuestas en sus textos, hay que convenir que nos hallamos ante una
publicación que casi siempre ha mantenido un nivel de exigencias, un
cuidadoso trabajo de edición y diseño. El aburrimiento de la unanimidad
-si sabremos del asunto- está tan ausente de Vitral como la
mediocridad que a veces demerita algunas publicaciones independientes
cubanas, dentro y fuera del país.
Tanto el obispo de
Pinar del Río, Monseñor José Siro González Bacallao, como el Director de
Vitral, el ingeniero en yaguas Dagoberto Valdés, junto a su
entusiasta y abnegado equipo de asesores, colaboradores y editores, pueden
sentirse orgullosos de la labor realizada, que desde hace tiempo cuenta
también con su sitio en Internet, donde un periódico Boletín sale
al mundo para informar y opinar al duro y sin careta, para que nadie pueda
hacerse el distraído, ningunearle a la Iglesia Católica de Cuba el
indomable clamor contra los desastres espirituales y materiales, la
búsqueda ecuménica de soluciones sin demagogias ni oportunismos.
Contra la dinámica de
la confrontación -imprescindible para justificar autoritarismos y
calamidades- Vitral ha mantenido un criterio firme, sin equívocos
en busca de protagonismo ni concesiones en busca de amparo: “Debemos hacer
que la República de Cuba sea cada vez más una sociedad inclusiva y
abierta, nunca más excluyente y sectaria. Debemos hacer que la República
de Cuba sea un hogar nacional de reconciliación y consensos, de proyectos
pluralistas y concertaciones solidarias” -dice el Editorial del No. 49-.
La difícil lógica de la fidelidad a sus
principios puede ilustrarse con la reproducción íntegra del Proyecto
Varela o con la “Nota del Comité Permanente de la Conferencia de Obispos
Católicos de Cuba” cuando los fusilamientos y encarcelaciones del 2003;
con la relación de colaboradores que incluyen a Oscar Espinosa Chepe y
Carlos Alberto Montaner, Raúl Rivero y Manuel Fernández Santalices,
Natalia Bolívar y Eliseo Alberto Diego, Rafael Almanza y José Ignacio
Rasco... Con entrevistas a Maggie Carlés y Willy Chirino, con artículos
sobre Celia Cruz cuando muere, además de una foto en contraportada; y
sobre todo con sus editoriales y artículos siempre dando en la diana de
los temas más preocupantes: desde la corrupción entre gerentes,
funcionarios y empleados del dólar, hasta la escasez de maestros y
profesores o la promiscuidad en las escuelas en el campo; desde los
índices de divorcio, suicidio, alarmante consumo de psicofármacos y
alcoholismo, hasta la discriminación política o racial o sexual o
territorial...
Sé que el acto por el X aniversario
tendrá a Gerardo Mosquera en el papel de evaluador que tuve el honor de
representar, y abrirán un diálogo donde los asistentes podrán opinar
libremente sobre logros y deficiencias; que como siempre darán a conocer
los ganadores del Concurso Literario. Sé que el obispo pronunciará las
palabras de clausura, tras la del ensayista Dagoberto Valdés, y que el
guarachero Pedro Luis Ferrer amenizará la velada.
Yo terminé mis
consideraciones el verano pasado con unos versos de mi amigo Raúl Rivero,
ya encarcelado entonces, que hablaban del amor a la patria y de la
esperanza. Por esas “razones del corazón” -como defendía María Zambrano-
abro este saludo con el espíritu lezamiano del “rasguño en la piedra”, con
la certeza de que Vitral mantendrá la misma obstinada voluntad que
Lezama nos legara. Porque “Paso es el paso del mulo en el abismo”.
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