25. Clonación:
¿terapéutica o reproductiva?
Fernando Pascual
En realidad, es mucho más grave “fabricar” un ser
humano destinado al desguace (clonación terapéutica) que “fabricarlo” y
dejarlo nacer (clonación reproductiva)
Casi todos están de acuerdo sobre este
punto: hay que prohibir la clonación reproductiva de seres humanos. Pero,
¿habría que prohibir “también” o “incluso” la clonación terapéutica? Ante
esta segunda pregunta, hay una enorme división de opiniones. La polémica
se ha vuelto a encender con la posibilidad concreta de que un laboratorio
de Gran Bretaña pueda iniciar los primeros experimentos de clonación
terapéutica, según la noticia que ha llamado la atención de la prensa
mundial en agosto de 2004.
La pregunta sobre la licitud de la
clonación terapéutica a veces se planta de modo muy confuso, si es que no
llega a poner las cosas al revés. Tal y como se presenta en algunos
ambientes (con las palabras “también” o “incluso” que transcribimos
antes), uno puede pensar que la clonación reproductiva es más mala y la
terapéutica menos.
En realidad, es mucho más grave
“fabricar” un ser humano destinado al desguace (clonación terapéutica) que
“fabricarlo” y dejarlo nacer (clonación reproductiva). En otras palabras:
crear un ser humano por clonación siempre está mal, pues nadie puede
imponer una identidad genética a otro ser humano. Crear un ser humano por
clonación para que luego sea usado por los laboratorios, sea despedazado
para “beneficiar” a otros (eso es la clonación terapéutica), es algo mucho
más grave y más injusto.
Necesitamos abrir los ojos para darnos
cuenta de que algo anda mal en algunos gobiernos y en algunos
laboratorios. No podemos quedarnos tranquilos si algunas personas del
mundo de la política y de la ciencia permiten la clonación terapéutica,
algo mucho más grave que la clonación reproductiva. Decir que la clonación
terapéutica está mal porque luego llevará a permitir la clonación
reproductiva es, por lo tanto, un argumento débil, pues da a entender que
quien eso afirma ve como peor lo segundo que lo primero, cuando la
realidad es precisamente lo contrario.
Hay que reaccionar con un profundo amor
al hombre, desde el primer momento de su concepción. Un amor al hombre que
debe convertirse en el punto central para cualquier sistema de derecho que
se base en un mínimo de justicia. No podemos ver con tranquilidad el que
pronto algunos embriones clonados puedan ser “construidos” y luego usados
como si fuesen seres humanos menos dignos de respeto que los demás seres
humanos. Nadie puede ser reducido a un objeto, a servir como material de
laboratorio, para el “progreso” de la ciencia.
Si algún día un laboratorio llega a
clonar a un miembro de nuestra especie humana, lo mínimo que podemos hacer
por él es defender su vida y permitirle un nacimiento digno. Por el
respeto que merece y por la dignidad y la ética que deberían poseer todos
los científicos y los hombres de bien que quieren defender la vida de cada
uno de los miembros de la familia humana.
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