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26. Desorden, desánimo, desesperanza

Jaime Septién

La gente de a pie tiene la impresión de que una negra nube está cubriendo el territorio nacional mexicano.

El país no avanza. Los mexicanos, ahora sí, estamos hechos bolas. Miramos a la política y vemos un cochinero. Miramos al gobierno y anda de estampida. Miramos a los pobres y se nos encoge el corazón. Puede que los números arrojen una disminución, pero, en la realidad, cada día hay más, y los que ya lo eran se han convertido en miserables.

La gente de a pie tiene la impresión de que una negra nube está cubriendo el territorio nacional. La nube tremenda del desbarajuste. Siente que cada actor político o económico, en lugar de ver por el bien común, andan viendo su provecho personal. Y que no existe nadie que les ponga un hasta aquí a sus ambiciones de poder.

Los acontecimientos del Cuarto Informe de Gobierno, lo único que vinieron a hacer es a corromper (aún más) la confianza entre sociedad y gobierno- La vulgaridad y la grosería conducen, siempre, a la violencia. No sé qué pretendían algunos diputados de oposición al Partido del Presidente. Pero lograron unificar en su contra a todos nosotros. Y le metieron más leña al fuego.

Recuerdo que Confucio, al ser preguntado sobre lo que jamás debería perder un país, no dijo soberanía, alimentos, empleos o periódicos; dijo confianza. Cuando la confianza de la sociedad se pierde, el efecto es más duro que una sequía o que una intervención por fuerzas extrañas. Porque si no hay alimentos, alguien puede ayudar desde fuera; si no hay empleos estables, siempre es posible crear millones de empleos temporales. Pero ¿cómo crear confianza? ¿Por decreto?

El Presidente Fox pidió una tregua. Pero se la pidió a quienes están incapacitados para otorgarla. Antes bien, debió pedir ayuda a la sociedad agraviada, para sacar adelante el barco que se hunde. Aliarse con políticos, es como dejar escrita nuestra dirección, al partir en un día caluroso a otra ciudad, en un trozo de hielo. La sociedad no se balancea de un puesto a otro: está siempre ahí. Es ella la ofendida por las peleas y la voracidad de los líderes políticos y su coro de ricachones.

Es difícil detener el desánimo, la desesperanza. Cunde por todos lados. Y se refleja en todos los ámbitos. Hasta en la parroquia, donde uno supondrá la irrupción de la Gloria y el corte con el tiempo terrenal. Últimamente oigo decir las oraciones de los fieles como con tristeza. El corazón lo seguimos teniendo levantado hacia el Señor, pero los básicos de nuestra vida parecen tembleques.

Lo que más podemos hacer es rezar y pedirle a Dios que ilumine a nuestros gobernantes. Y nosotros, fijarnos bien para la próxima. Y reclamarles su responsabilidad. Y ya, por el amor de María santísima, no ser tan dejados.

 
 

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