Imprimir

27. Informe presidencial

Walter Turnbull

La democracia exige madurez. Hoy en día en nuestro gobierno hay mucho infantilismo.

El Señor de las Moscas (William Golding, Gran Bretaña, 1911-1993) cuenta la historia de un grupo de niños supuestamente civilizados que, al verse sin adultos en una isla desierta, comienzan -movidos por un líder- a hacer un intento de organización democrática, y terminan -movidos por un bravucón- matándose unos a otros y tratando de matar al líder, que salva la vida gracias a la oportuna aparición de un adulto. Trataba de escribir, según el mismo autor, “acerca de las crueldades que unos niños son capaces de infligir a otros”. Trataba de escribir sobre la barbarie en que pueden caer los niños, siguiendo sus instintos básicos, cuando se ven libres para actuar a sus anchas.

Dantesco espectáculo hemos presenciado durante el IV informe presidencial. Un grupo de diputados, hombres que viven de la ley y para la ley -y vaya que viven bien- jugando al niño travieso, burlándose de la persona del presidente, y burlándose también descaradamente de la institución presidencial, del informe, del propio congreso de la unión y de la misma ley. Un congreso legislativo en el que no existe una ley para el buen desempeño de las asambleas. Payasos, digo yo, pensando solamente en divertirse y en divertir al populacho, jugando a los letreritos, a los insultos, a las manifestaciones (imagínese usted: las sagradas manifestaciones tomadas a chufla), y un moderador absolutamente incapaz, o absolutamente despreocupado, de terminar con el juego.

Hombres” a los que les importa un pepino el bien de la sociedad, el desarrollo del país. Sólo piensan en su diversión y -mientras esto los divierta o los enriquezca- en el bien de su partido. Hombres que estarían dispuestos a hundir al país con tal de hundir al enemigo. Legisladores presionando al presidente para que tome todo el poder en sus manos y se haga cargo de todo, de lo que a ellos les tocaría hacer”.

Es que Fox debió haber sido más incisivo, más contundente”... “es que la comunicación entre los poderes está desarticulada”... “es que Fox no ha cumplido lo que prometió”... “es que Fox presentó datos imposibles de creer”... “es que, como está las situación, no se puede esperar otra cosa” (Pablo Gómez, PRD)... “es que ya hace tiempo que esto sucede (Emilio Chuayfet, PRI)”... (no es mala leche contra Pablo Gómez y contra Chuayfet, es que de otros no tengo el nombre).

Es que algunos mexicanos -muchos, desgraciadamente- no están maduros para la democracia. A los niños no se les puede dar a escoger, hay que conducirlos, necesitan adultos que los manden, como en “El Señor de las Moscas”. Si se les deja sueltos, terminan matándose, guiados por sus instintos. Ya son varios intentos de democracia en Hispanoamérica que están fracasando.

La doctrina cristiana, como siempre, tiene la solución desde hace mucho: Que se diga la verdad, que se trabaje por el bien, que se respete al prójimo, que no busque cada quien su propio beneficio, que no se busque ser servido sino servir, que no se haga un dios del dinero (ni de la diversión, ni del poder)... Nos hemos cansado de decirlo, la política no puede desentenderse de la ética. Bonito cartel aquel que muestra a Cristo tocando al edificio de la ONU como una puerta. Lo mismo necesitamos en la política mexicana, y en todos lados: que se deje entrar a Cristo, o por lo menos sus valores. Pero cuando se habla de valores, a muchos legisladores se les enchinan los pelos de la rabadilla.

Cristo prometió el Reino a los niños, no a los hombres infantiles. Para avanzar en la democracia debemos crecer en madurez, como nación y como individuos. Hacer que los niños lleguen a ser hombres, y que sólo los hombres lleguen a ser políticos.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]