2. Lo
que no se ve
Miguel Rivilla San Martín
Resulta reconfortante comprobar que en el momento
clave, muchos atletas olímpicos se encomiendan a nuestro Señor para
obtener el éxito
Las apariencias engañan. Entre los
humanos, nadie es tal como aparece ante los demás. La parte más importante
-la interior- pasa desapercibida casi siempre. Por eso, Jesús, que conocía
como nadie el corazón del hombre, nos dejó dicho: “No juzguéis y no seréis
juzgados”.
La razón principal de esta recomendación
evangélica reside, principalmente, en que al desconocer el interior de las
personas, estamos expuestos a equivocarnos casi siempre.
Viene esto a cuento al comentar un
detalle, que para los miles de televidentes de estos Juegos Olímpicos, no
habrá pasado desapercibido y que un amigo me ha comunicado.
He aquí su reflexión, que brindo a los
que me lean:”Han sido muchos los deportistas que he podido ver santiguarse
antes de comenzar una competición para la que han entregado miles de horas
de esfuerzo, entrenamiento y sacrificio .Resulta reconfortante comprobar
que en el momento clave, se encomiendan a nuestro Señor para obtener el
éxito..Encontrar a Jesús siempre es maravilloso”.
En efecto. Algo muy importante debe haber
en el interior de estos atletas, y que pasa desapercibido para la
generalidad de la gente, para, sin respeto humano alguno, y en la hora de
la verdad, significarse públicamente con la señal de la cruz y acudir a
Dios.
¿No será que lo más valioso del hombre
queda oculto a los ojos de los demás?.
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