6.
Más coordinación y mejor unidad
Víctor Corcoba Herrero
La auténtica valentía política hay que medirla
desde (...) el acatamiento más escrupuloso a las reglas de juego
constitucionales. Los políticos están obligados a entenderse, a facilitar
el camino de la paz. Muchas veces los partidos, y sus dirigentes a la
cabeza, pierden credibilidad por sus cambios de actitudes y por sus formas
altaneras, por la falta de coherencia y verdad.
La necedad de ciertas atmósferas que
avivan la descoordinación, así como otros afanes de división por parte de
algunos dirigentes políticos, que olvidan o pasan del fundamento de la
indisoluble unidad de la Nación española, pide a gritos recordarles que la
sujeción a la Constitución es una consecuencia obligada de su carácter de
norma suprema, que a los partidos, y por ende a los titulares de los
poderes públicos, impone además, por sentido constitucional, un plus de
mayor respeto.
Me parece que la auténtica valentía
política hay que medirla desde el diálogo. Es cierto. Pero también desde
el acatamiento más escrupuloso a las reglas de juego constitucionales. Por
algo están vigentes. Sus principios nos hablan de unidad, y no de
subordinación, sino de coordinación y de corregir desequilibrios
económicos interterritoriales y hacer efectivo el principio de
solidaridad. O sea, de estar todos con todos, no unos contra otros. Y en
este sentido, subrayo la responsabilidad de aquellos que ostentan poder
político (constitucional) de ser cumplidores con la norma que les hace
participes de concurrir a la formación y manifestación de la voluntad
popular.
El interés de la colectividad entera es
el de la unidad, de lo contrario no tendría sentido la vigencia de la
norma constitucional. Sembrar dudas con opiniones y juicios de valor
partidista, irrealizable dentro del actual marco constitucional, cuando
menos devalúa el prestigio de las instituciones democráticas, en las que
las fuerzas políticas del país se deben reconocer, cuidar y proteger, como
deber de solidaridad política.
La mayoría de las personas desean en lo
más profundo de su ser, huir de contiendas y de contenciosos. A veces, la
tarea de consensuar posturas no es fácil, sobre todo si alimentamos
resentimientos que no vienen al caso. Los políticos están obligados a
entenderse, a facilitar el camino de la paz, desde la universalidad de los
horizontes y desde el valor de hacer valer en doquier pueblo los valores
superiores de libertad, justicia, igualdad y pluralismo. Ya se sabe,
siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la
sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos.
Muchas veces los partidos, y sus
dirigentes a la cabeza, pierden credibilidad por sus cambios de actitudes
y por sus formas altaneras, por la falta de coherencia y verdad. Así no se
puede entusiasmar un pueblo, y nuestros jóvenes tienen derecho a ser
motivados e ilusionados en la alegría de vivir en una nación que respeta
la unidad y el derecho a la autonomía. Eso es lo que debe movernos y
desvelarnos, promover condiciones para que la libertad y la igualdad sean
más reales y efectivas cada día. Es de justicia reconocer que todos
tenemos el derecho a pensar, expresarnos y agruparnos libremente,
respetando siempre la dignidad y los derechos de los demás, reconocidos en
la constitución que ha de regirnos, sin distinción, ni privilegio alguno.
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