10.
Ellas sí y ellos... también
Una conquista de las mujeres ha abierto camino a
los hombres. En esta ocasión algo ganado por ellas comienza a ser
solicitado también por ellos
Mucho han luchado y luchan las mujeres
por obtener derechos y beneficios similares a los del varón, basados en la
igual dignidad de ambos como seres humanos. Los logros hasta ahora
resultan enormes y abismal la diferencia al comparar la vida de las
mujeres de fines del siglo XIX con las de este siglo XXI.
Difícilmente se pensaría en una situación
inversa; es decir, en la posibilidad de un derecho inicialmente ganado y
reservado a la mujer y al cual los hombres luchen hoy por acceder. Aunque
parezca increíble, esta situación se ha hecho realidad. Hoy cada vez más
hombres piden y obtienen, lo que antiguamente se llamaba el “permiso
post-parto”, es decir, la posibilidad de permanecer en casa cuidando del
hijo recién nacido por un período variable de tiempo, sin riesgo de perder
el empleo y manteniendo su salario o, por lo menos, parte de él.
Da la impresión de asistir a una historia
al revés. En lugar de desear salir de casa y dedicarse al trabajo
profesional, los padres de este nuevo siglo y milenio desean pasar tiempo
con sus hijos pequeños, cambiarles los pañales, darles el biberón,
sacarlos a pasear y estar a su lado cuando dan los primeros pasos o emiten
la primera palabra (el tradicional «mamá» a veces se transforma en
«papá»). Y para lograr esto se disponen a dejar oficina e incluso parte de
su horario de trabajo.
Los casos son numerosos y se multiplican
cada vez más, especialmente en los países más desarrollados, en los cuales
las empresas están implantando políticas y programas de apoyo para padres
que desean pasar tiempo al cuidado de sus hijos.
¿Cómo ha sucedido esto? La sociología
explica el surgimiento de costumbres y comportamientos como fruto de
nuevos valores, positivos o negativos, dentro de un grupo social. En este
caso debemos pensar en un cambio en la jerarquía de valores, en la cual la
familia y la paternidad han alcanzado, y en ocasiones superado, a la
posición laboral o al deseo de mejorar económicamente.
La actual sociedad en los países
desarrollados ha redescubierto algo desde antiguo conocido: la importancia
y el enorme valor de la convivencia padres hijos, refiriéndonos como
padres tanto a las madres como a los padres. Importancia no sólo para los
niños, sino también para los progenitores. La maternidad y la paternidad
no son un anexo, un agregado a la persona. Son parte esencial de la
realización y plenitud de la persona humana.
Estamos contemplando el regreso del
péndulo. Después de una época en la cual se dudó de la necesidad de
proteger el tiempo de los padres dedicados a los hijos; en la cual llegó a
plantearse como nocivo para el desarrollo de los niños su permanencia en
casa junto a su familia y se crearon y multiplicaron las guarderías
infantiles; hoy asistimos a la recuperación de la familia como valor
importante.
Sin entrar en grandes polémicas, podemos
descubrir, subyacente a esta revalorización de la familia, el
resurgimiento de valores específicamente humanos que en nuestra época de
adelanto técnico y científico habían sido desplazados: el valor del ser
humano y de su desarrollo armónico; la importancia de los padres como
educadores y formadores, como transmisores de cultura y códigos de
conducta; la supremacía de la persona sobre la materia y el bienestar
económico.
Es de esperar que en todos los países
continúe apoyándose este tipo de políticas. Aquello cuyo valor ha sido
probado debe promoverse, sin esperar a experimentarlo en la propia vida.
La familia, el tiempo dedicado a ella es la mejor inversión para nuestra
felicidad y la de nuestros hijos. Y es la seguridad de un futuro para la
sociedad.
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