12. Católicos alejados
Alejo Fernández Pérez
Los peligros para la fe en nuestros días son
muchos: sectas, ideologías, libertinaje... El autor nos advierte sobre
algunos de ellos y nos recomienda medidas y lecturas que nos pueden ayudar
a defenderla.
Un pequeño grupo de catequistas católicos
comentaban: “Tras varios años de formación de niños y jóvenes, a los pocos
meses de terminar sus estudios, salen al mundo, y buena parte de ellos
pierden la fe, el tesoro tan trabajosamente encontrado”. ¿Por qué se
separan y alejan de la Iglesia? ¿Qué ha pasado? se preguntaban. Subrayaron
que los jóvenes han recibido y adquirido una buena formación doctrinal,
son buenos chicos y chicas pertenecientes a familias religiosas, y sin
embargo, se han alejado de Cristo. Lo grave es que lo mismo está pasando
con personas maduras, bautizadas, católicas practicantes que, sin saber
por qué, se separan o se alejan de la Iglesia. ¿Qué pasa? ¿Qué está
fallando?
Lo que falla lo sabe cualquier
agricultor. En sus siembras elige una buena simiente, selecciona la tierra
adecuada. No sembrará en los caminos, en las peñas ni entre las zarzas o
malas hierbas. En los momentos precisos riega, abona, poda, entresaca,
quita las malas hierbas y cura las plagas. Hasta aquí actúa como los
catequistas. Pero, hace algo más: ha aprendido a defender el fruto de su
trabajo de los ladrones, de los animales dañinos y a asegurar sus
cosechas. Antes de la maduración, antes de que salgan al mercado, al
mundo, pone un guarda, y vigila para que nadie robe el fruto de sus
esfuerzos. Se enfrentará a los ladrones, si llega el caso. Si roban
denunciará el robo a la policía correspondiente y llevará el caso ante los
tribunales. Los ladrones se lo pensarán dos veces. ¿Cuántas veces los
católicos cuando se insulta a nuestra Iglesia lo denunciamos en los
juzgados? ¿Cuántas veces nos enfrentamos con decisión a los rapaces que
sólo atacan a la Iglesia Católica?
Quizá lo que falle
en la catequesis no sea la formación ni el conocimiento de la doctrina;
sino que no hemos sabido aprender ni enseñar a defenderla. Cualquier
pelagatos nos la puede robar, echar a perder muchas horas de esfuerzos, de
trabajos y poner en peligro nuestra vida eterna.
Las gaviotas esperan la eclosión de los
huevos de tortuga para inmediatamente matarlas y comérselas. Los cuervos
hacen lo mismo con los pajaritos que empiezan a volar. Ellos como los
catecúmenos recién salidos del nido son fácil presa del mundo. No hacen
más que asomarse a éste y ya mismo empiezan los cuervos su trabajo. En los
Evangelios leemos: “Lobos rapaces vendrán a vosotros que no perdonarán al
rebaño…”
¿De qué tenemos que
defendernos?
De todo lo que nos separe de Cristo, por
ejemplo, de
Las Sectas,
algunas muy destructivas que incluso atraen a los incautos, pagándoles los
estudios “gratis” sin que se den cuenta de que una vez cogidos en sus
redes tendrán que estar pagándolos con altos intereses y hasta el final de
sus vidas, mientras sus dirigentes se hacen millonarios. Sin embargo, lo
verdaderamente importante, más que combatir a las sectas, es que el
católico fortalezca su fe y tenga el coraje de vivirla cada día.
Los protestantes,
que perdidos entre cientos de ramas y doctrinas nos envidian al Papa, un
solo jefe del que carecen; y a la Virgen María, una madre en la que
refugiarse. Para algunos de ellos los ataques a la Iglesia Católica son la
única razón de su existencia. Parecen sufrir un intolerable complejo de
inferioridad ante la grandeza y unidad de la Iglesia Católica
El botellón
conduce a la juventud a la droga, al alcohol con sus
correspondientes accidentes de coches, al sexo y al “todo vale”
Las Drogas. En
las que es muy fácil entrar y casi imposible salir, arruinando vidas y
hogares. ¡Cuántas almas y cuerpos llevan destruidas!
El sexo usado
contra toda regla y moral, degrada a la mujer , bestializa a los jóvenes y
trae consigo, entre otros males, el asesinato de millones de niños antes
de nacer. Demasiados matrimonios y familias hechos trizas
De Ciertas
ideologías políticas. Lobos que se presentan con piel de cordero,
ofrecen un paraíso en la tierra a los pobres, paraíso que nunca llega y
por el que han sacrificado estúpidamente a cientos de millones de personas
sólo en el siglo XX. Los furibundos ataques a la Iglesia por parte de
ciertos políticos se deben a la oposición frontal de aquella a doctrinas
antinaturales y materialistas, que ignoran toda moral, pero con las que
intentan justificar, ante si mismo y ante los demás, la perversidad de sus
vidas
Las ansias de poder
y de riquezas. “Será más difícil que un rico entre en el reino de los
cielos que un camello por el ojo de una aguja”. Ricos en dinero, en poder,
en inteligencia… adquiridas con malas artes, estrujando a los pobres, y
empleadas para su goce exclusivo. Los que creen no necesitar de nadie,
también creen no necesitar de Dios, hasta que un día le bajan de su
pedestal. Entonces le llegó el rechinar de dientes.
¿Y cómo defendernos?
Formación cristiana.
En primer lugar
diremos que no hay defensa posible si no hay una verdadera formación
cristiana , una práctica constante de sus mandamientos, de la oración, y
del uso habitual de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía. La
obediencia al Papa y a las jerarquías ha de hacerse sin discusiones ni
contemplaciones. Es lo mismo que sucede en el ejército: Tienen que poseer
el armamento adecuado, han de estar fuertemente entrenados en su manejo y
han de obedecer a sus jefes. La desobediencia se paga con la vida o la
derrota en las batallas. Después, para cada caso, se emplearán las armas
correspondientes: artillería, aviación, infantería…. El católico deberá
también emplear los argumentos y tácticas adecuadas para cada caso. La
asistencia a los actos y la participación en los trabajos de su parroquia
es inexcusable. Nadie se apunta a una asociación cualquiera para no
colaborar con ella. Como vemos, nada nuevo que inventar. Desde Cristo está
todo inventado, y en los EVANGELIOS, -El más grande de todos los milagros-
se nos dan todas las instrucciones precisas para actuar en cualquier caso
. Por supuesto, el Nuevo Testamento es de obligada lectura diaria.
Sorprendentemente, la más terrible arma que Cristo pone en nuestras manos
es el AMOR, AMAR INCLUSO A NUESTROS ENEMIGOS.
Enseñar y aprender a decir ¡NO!.
No es fácil decir ¡NO!
cuando es preciso. Generalmente, carecemos de valor para expresar ese NO
que, en ocasiones, puede acarrearnos graves consecuencias. Acostumbrados a
decir amén a todo, por no molestara nadie, terminamos siendo los
monaguillos de los más osados o de los que más gritan. Todo el mundo
conoce circunstancias en las que hay que negarse; sin embargo, nos resulta
difícil, a veces imposible, sin duros enfrentamientos personales.
Jóvenes y personas maduras, en bastantes ocasiones, se separan de la
Iglesia por la cobardía de no atreverse a decir NO, cuando saben que no
hay alternativas. ¿Cómo hacerlo? Sugiero la lectura del artículo
“Aprendiendo a decir ¡NO!” que encontrarán en
www.autorescatólicos.org en la sección de “Laicos” y con mi nombre
“Alejo Fernández Pérez.” Ahí encontrarán ordenados numerosos artículos
religiosos útiles para nuestros propósitos.
El Libro que cambió al mundo
Así hasta más de cien artículos
publicados donde intentamos rebatir los añejos y obsoletos mitos y
argumentos con que se nos suele atacar, a veces, bastante estúpidamente.
Con Google y poniendo mi nombre encontrarán otros muchos de mis escritos.
A continuación mencionamos algunas web
especializadas en la defensa de la fe, sin que signifique que las demás
sean mejores ni peores, simplemente, estas son las que yo conozco mejor ,
uso con frecuencia y con buenos resultados:
www.apologetica.org
www.conocereisdeverdad.org
www.defiendetufe.org
www.catolicos.org
Hagamos notar que el uso de Internet es
hoy indispensable para obtener todo tipo de información y para formar a la
juventud. El Papa insiste frecuentemente en la importancia de su uso.
Desconocerla, debería entrar en la categoría de “pecado mortal”. El diablo
nos lleva mucha delantera en su manejo y lo está utilizando con graves
efectos destructores. De esos efectos también somos responsables los que
por nuestro puesto, conocimientos y autoridad tenemos la obligación de
impedir que se pierda, que se aleje, o que se separe ni uno sólo de los
hijos de Cristo. Algún día nos puede preguntar ¿Dónde está tu hermano?
|