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14. Los vándalos

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Está poniéndose muy de moda el vandalismo; se atente tan despiadadamente contra los símbolos. Porque arremeter contra los símbolos es atentar contra la esencia del ser humano, que los símbolos están ahí para sostener la fe, la devoción, la creencia de quien en ellos se apoya.

Los vándalos, aquel pueblo mitad germánico mitad eslavo, que desde el Oder y el Vístula, se desplazaron hacia el sur para invadir las Galias, España y el África entre los siglos quinto y sexto, han dejado su impronta. Bajaron invadiendo, arrasando, desarticulando, quemando. Yo creo que, ni más ni menos que como hace cualquier invasor. Y como los invasores siempre han existido pues los vándalos jamás desaparecieron. Y lo que es curioso, su nombre ha quedado plasmado en nuestro diccionario bajo esta definición: persona que destruye o mutila los monumentos.

No sé si aquellos vándalos históricos destruyeron muchos monumentos o mutilaron muchas obras de arte, lo cierto es que en estos momentos andan muchos bándalos sueltos. Concretamente uno, y en Venecia, ciudad de arte, religiosidad, imágenes, iglesias de todos tipos y para todos los gustos. Un vándalo anda suelto mutilando cuanta estatua religiosa se le pone a mano en la geografía veneciana, que deben de ser muchas. Parece que tiene una manía en su afán de destrucción. Los motivos religiosos cristianos y más concretamente las manos de las estatuas; ya ha atacado a un capitel del palacio Ducal, a dos figuras de la iglesia del redentor y a otro capitel cercano a la iglesia de San Pedro de Castello.

No se sabe si su manía destructora va contra la religión cristiana o contra el arte, muy posiblemente contra ambas cosas. Lo que no se sabe es el por qué. Se ha opinado que todos estos actos corresponden “a una misma mano y a una misma noche de locura, y que el culpable tenía que ser alguien de cultura cristiana que dirigía su agresividad contra los símbolos del cristianismo”, y que se trata de una persona, por su modus operandi, de una gran cultura cristiana y con conocimiento de las Sagradas Escrituras.

Está poniéndose muy de moda este tipo de vandalismo; igual da que se arremeta contra Torres Gemelas, que se destruya a los Budas en los parajes de Afganistán, que se quemen banderas de esta nación o de aquella, en fin, que se atente tan despiadadamente contra los símbolos. Porque arremeter contra los símbolos es atentar contra la esencia del ser humano, que los símbolos están ahí para sostener la fe, la devoción, la creencia de quien en ellos se apoya.

Y es que la intolerancia se ha convertido en locura, algunos dicen en terrorismo, pero no es otra cosa que vandalismo. Pareciera que quien intenta identificarse con algo, o sostenerse en algo, está cometiendo el pecado del siglo. Hasta en el deporte se da esta salvajada: pueden meterte una cuchillada porque llevas, como distintivo, la camiseta del equipo de fútbol de tu pueblo.

 
 

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