15. Parlamento de las religiones
Si las religiones se entienden entre sí es muy
posible que nos entendamos todos. “Ahora más que nunca, la Iglesia, la
sinagoga y la mezquita deben involucrarse. Ni los imanes, ni los obispos y
tampoco los rabinos somos mandatarios, pero eso no es obstáculo para que
aportemos una dimensión ética”.
Si las religiones se entienden entre sí
es muy posible que nos entendamos todos. Si las religiones se aceptan
entre sí, es seguro que nos entenderemos todos. Así que pareciera que no
hay más religión que la del entendimiento, que es la misma que la de la
comunión, de la común unión. Religión que no rece en su credo el
mandamiento del entendimiento no puede ser religión.
Hace años se creo el Parlamento de las
Religiones del Mundo precisamente para esto, y ahora se han vuelto a
reunir por cuarta vez con el lema “Senderos de paz: el arte de saber
escuchar, el poder del compromiso”. Y lo han hecho en Barcelona, bajo el
contexto de ese Forum de las Culturas, que apunta a ser precisamente un
encuentro para el entendimiento, para el diálogo, para la común unión.
7,000 personas en directo podrán participar en mesas redondas, talleres,
exposiciones, actuaciones, celebraciones, oración, en fin, en todo eso que
las personas de buena voluntad promueven para que no continúe el
descalabro en el que nos vemos envueltos.
Se han escuchado muchas voces, muchas
quejas, y muchas propuestas. Desde el gobierno británico, por ejemplo, se
ha escuchado la voz del ministro del Interior asegurando: “En breve
introduciremos el delito de incitación al odio religioso”. Toda malsana
incitación es, evidentemente, un delito, y si se incita al odio, más, pero
muchísimo más si se incita al odio religioso. Porque se trata de un
contrasentido: religión y odio no compaginan, religión y enfrentamiento no
se avienen, religión e intolerancia no son de la misma esencia. Porque,
como aseguró el pastor presbiteriano Dirk Ficca “el protagonismo de la fe
sólo es negativo si es excluyente”.
Se han dicho verdades muy diáfanas en
este Parlamento, por ejemplo, que no se trata de “unificar rituales, ni
fundar una religión, nos limitamos a facilitar la relación entre las
comunidades” y se ha dicho también que “el tiempo apremia porque la
religión, en su vertiente fanática, salpica los periódicos de noticias
trágicas con una regularidad atroz”.
Pues sí, el fanatismo, que es
antirreligión, que es degradación de la religión que dice patrocinarlo,
que es consecuencia de la intolerancia, que está más cerca del ateismo que
de una creencia sana, continúa siendo, hoy por hoy, una trágica y regular
causa de muerte. Y precisamente por eso se ha dicho también: “Ahora más
que nunca, la Iglesia, la sinagoga y la mezquita deben involucrarse. Ni
los imanes, ni los obispos y tampoco los rabinos somos mandatarios, pero
eso no es obstáculo para que aportemos una dimensión ética”. Que Dios, el
único, los ilumine.
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