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16. Triquiñuelas

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Juan Pablo II, obispo de Roma, y con Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla. Se han reunido en Roma para darse un abrazo... “Son muchos los desafíos que tenemos que afrontar juntos para contribuir al bien de la sociedad...”

Pues estoy de acuerdo con Juan Pablo II, obispo de Roma, y con Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla. Se han reunido en Roma para darse un abrazo y así conmemorar aquel otro abrazo en Jerusalén el entonces patriarca de Constantinopla, Atenágoras I y el Papa romano Pablo VI. Cuarenta años han transcurrido desde el histórico encuentro y a mí me parecen demasiados años. Claro, antes habían transcurrido novecientos años de ausencia de contactos entre ambos líderes cristianos, desde cuando se quebró la unidad, allá por el siglo XI.

Digo que estoy de acuerdo con ellos porque parece que estamos comenzando a entrar en razón; y estamos comenzando a entrar en razón por todo lo alto, porque si quienes nos representan dejan pasar el tiempo para limar asperezas y para enderezar entuertos pues el creyente de a pie queda como desprotegido. Y el creyente de a pie tiene derecho a exigir a quienes dictan las normas de conducta y los procedimientos a seguir, que sean ellos quienes pongan la primera piedra y no quienes sirvan de obstáculo para la comprensión.

La Iglesia ortodoxa cristiana y la iglesia cristiano romana son producto de la misma rama. Y casi mil años desgajadas ambas no parece ser buen ejemplo. Porque, si de lo que se trata es del evangelio y su difusión, pues a practicarlo y extenderlo. Uno sabe que las cosas de palacio van despacio pero novecientos y pico años son mucho trecho.

En aquel momento, cuando el Concilio Vaticano II abrió tantas esperanzas, también abrió los brazos de ambos líderes para intentar dejar atrás aquel cisma rancio y alejado en el tiempo y en el contexto. El abrazo, como todo abrazo que se precie, que no haya hipocresía de por medio, era un signo de reencuentro, de puertas abiertas, de limar asperezas a veces tontas y a veces marcadas por políticas intrascendentes, para volver a las andadas. Volver a las andadas no era otra cosa que volver a las raíces. Han vuelto a pasar otros cuarenta años para que el abrazo fuera enfriándose y para que ahora se vuelva a rejuvenecer.

Estoy de acuerdo lo que han dicho y firmado ambos líderes religiones de una misma fe: Bartolomé I y Juan Pablo II: “Son muchos los desafíos que tenemos que afrontar juntos para contribuir al bien de la sociedad. Curar con amor la plaga del terrorismo, infundir esperanza de paz, contribuir a sanar tantos conflictos dolorosos, restituir al continente europeo la conciencia de sus raíces cristianas”. Pues, amén. Que no se quede en un abrazo más. Que no tengan que pasar otros cuarenta años para comenzar con otro abrazo y aguardar otros cuarenta años. Porque ya está bien de hacer de los malentendidos piedra de escándalo.

 
 

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