Siempre la mentira
Ramón Pi
Es
la mentira lo que encontramos siempre, siempre, detrás de la cultura de la
muerte, incompatible con el menor asomo de honradez.
El
Congreso Internacional Provida, celebrado en Madrid la semana pasada, ha
reunido a varios centenares de personas relevantes, venidas de muchos
lugares del mundo, que han estudiado el modo de devolver al mundo la
conciencia de la dignidad humana. Una conciencia que creíamos haber
alcanzado de forma irreversible al menos en las sociedades occidentales de
cuño religioso y cultural cristiano, pero que en los últimos decenios se
ha degradado hasta llegar a una situación escalofriante, fruto de una
cultura que ha olvidado algo tan básico como es la búsqueda de la verdad.
El
congresista peruano Héctor Chávez, que presidió una subcomisión
investigadora en su país sobre los atropellos a la dignidad humana
perpetrados por Alberto Fujimori en su etapa presidencial, denunció los
varios cientos de miles de esterilizaciones forzosas obtenidas mediante
engaño sobre mujeres (y también varones, aunque en menor proporción) de
los pueblos más pobres del país; una operación de “ingeniería social” que
piensa Chávez que bien merece la calificación de auténtico genocidio. Esta
denuncia me ha hecho pensar en una constante de todos los avances de la
llamada cultura de la muerte: este elemento que se repite siempre es la
mentira.
La
célebre sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso Roe
vs. Wade, que legalizó el aborto en todo el país, se dictó gracias a una
mentira: Mary Roe, nombre supuesto que ocultaba la identidad de Norma
McCorvey, no había sido violada, como se dijo. Tampoco abortó, sino que
tuvo a la criatura, que fue dada en adopción. Todo eso se supo cuando
McCorvey se convirtió al cristianismo y contó la verdad.
La
sentencia Doe vs. Bolton, que abrió paso franco al aborto a petición en
cualquier momento del embarazo, se fundamentó también en otra mentira:
Sandra Cano (verdadero nombre de Mary Doe) quería recuperar a sus tres
hijos, que los servicios sociales de Estados Unidos le habían arrebatado
por considerarla inhábil para educarlos, ya que estaba embarazada y en
trámite de divorcio con su marido encarcelado. En lugar de ayudarla, sus
abogados, de la organización abortista NOW, la engañaron y montaron su
caso para pedir su derecho a abortar. Cano tampoco abortó. Pero de esas
dos sentencias se han derivado 35 millones de víctimas por aborto en el
país desde 1973. El doctor Bernard Nathanson, cofundador de Naral,
organización proabortista, ha reconocido públicamente, tras su conversión
al catolicismo, que se inventó estadísticas, datos falsos y casos límite
imaginarios para sus fines.
Es
la mentira lo que encontramos siempre, siempre, detrás de la cultura de la
muerte, incompatible con el menor asomo de honradez.
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Publicado en revista ÉPOCA 13 a 20 de Noviembre de 2003.
Publicado con permiso del autor para periodismocatolico.com
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