Dos fuerzas, dos mujeres
Una mujer fuerte y una mujer con fuerza interior son personas distintas,
pero que se confunden en la mirada superficial de nuestro mundo. La
diferencia entre ambas proviene de un matiz, de un detalle que pasa
desapercibido con facilidad: el origen de la fuerza.
Una
mujer fuerte se cree con esta cualidad, por ella misma, como algo que le
viene dado, por ser ella. La mujer con fuerza interior sabe que la
fortaleza es una actitud del espíritu y es una conquista. No se posee de
forma inmediata, sino que cristaliza en el alma, en la medida que se
ejercita.
Una
mujer fuerte se realiza en la acción; a una mujer con fuerza interior le
acusarán de pasiva porque sabe resistir mejor los avatares de la vida, que
no se eligen, pero hay que aceptar sin hundirse. Es siempre más fácil
elegir que aceptar.
Una
mujer fuerte da cierta seguridad personal, pero es pasajera, porque ¿qué
sucede cuando entra en la escena de su vida la debilidad, el cansancio o
la enfermedad? Una mujer con fuerza interior brilla con mayor coraje
especialmente en los momentos oscuros de la vida. La seguridad que irradia
es más constante porque no la basa en ella misma, sino en hacer resaltar
lo mejor del otro, independientemente de cómo ella se sienta.
Una
mujer fuerte busca la independencia y la autonomía en el trabajo, y una
mujer con fuerza interior busca a los otros para tejer entre todos una red
protectora, que sea más eficaz.
La
mujer fuerte busca competir para demostrar sus cualidades; la mujer con
fuerza interior cimienta su éxito en los éxitos ajenos, los agradece, los
alaba y se recrea en ellos.
La
mujer fuerte hace ostentación de su poder. Exige sus derechos y busca ser
alabada, temida, respetada. Pero hay mujeres que prefieren ser amadas por
lo que ellas son, y eligen amar antes que exigir. Tienen la sencillez de
no imponerse, ni hacen alarde de sus cualidades. Son como el salvavidas
del barco que se convierte en imprescindible cuando la tormenta arrecia,
pero en el curso de la travesía no todos advierten su utilidad.
Porque la fuerza no proviene de la inteligencia, a veces la mujer fuerte
atropella, a diferencia de la que se guía por la sabiduría del corazón que
cede el paso porque sabe esperar. El aliado de la mujer con fuerza
interior es la paciencia. No hay enemigo más invencible para el hombre que
el paso del tiempo. La mujer sabia lo convierte en compañero de estrategia
para la vida. Ya no luchará contra su paso en ella y en los otros, lo
disfrutará momento a momento. Acompañará como hija, como hermana, como
esposa y como madre, como anciana.
Nuestra sociedad se ha convertido en el escenario de un gran teatro de
títeres. Muchos ojos siguen la actuación de la mujer. El buen observador
descubrirá que los hilos que mueven a la mujer fuerte son los de la
independencia, la autonomía, la igualdad y el afán de poder. Sus
seguridades son externas, palpables, tangibles, financiables. Ella se cree
libre, porque los hilos que la mueven son invisibles a sus ojos. Está
cegada por sus propias realizaciones. La mujer interior, se conoce a sí
misma como mujer, se acepta, no busca competir con nadie. Los hilos que la
mueven también son invisibles porque están escondidos en su corazón. Y su
corazón es el principio de su fuerza interior. Es libre, porque ha
decidido ocuparse y preocuparse en su vida más de entregarse que de
conquistar.
La
última diferencia entre ambas mujeres es que la sonrisa de la mujer fuerte
tiene un sesgo de tristeza porque olvidó... que la alegría nace siempre
del interior.
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