El silencio y lo demás
Miguel Rivilla San Martín
“Sin silencio no hay oración; sin oración no hay fe; sin fe no hay amor;
sin amor no hay servicio”
Desde que leí la frase de madre Teresa de Calcuta, no la he podido retirar
de mi mente. La he meditado, la he saboreado y he tratado de vivirla.
Decía así: “Sin silencio no hay oración; sin oración no hay fe; sin fe no
hay amor; sin amor no hay servicio”. Nada más cierto y evidente. Es válida
y aplicable en la vida de cualquier cristiano, alma consagrada o ministro
del Señor.
El
silencio- Necesario para la comunicación con Dios. Ni el ruido, ni el
bullicio, ni las voces, son medios idóneos para conectar con Dios. La
soledad, el silencio y la reflexión, propician el encuentro personal con
El.
De
este encuentro brota espontánea y natural la oración. Es la respiración
del alma. Ésta no es otra cosa que “hablar amigablemente de amor con quien
sabemos que nos ama.”.
Al
calor de la oración brota, se enciende, crece y fortalece la fe. Sin ella
es “imposible agradar a Dios”. Nada somos y nada podemos en el orden
espiritual y sobrenatural.
La
fe verdadera produce el amor y éste busca el cauce natural del servicio a
Dios y entrega al prójimo necesitado..
Madre Teresa nos ha dado el remedio y la receta mejor para acertar el
camino en cualquier circunstancia de la vida. Empecemos todos por hacer un
poco de silencio. No nos pesará.
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