Un potencial de vida, de creación y amor
Felipe Santos
La
palabra "pecado" no te suena muy bien. Hubo épocas pasadas en las que se
hablaba mucho más de pecado que de virtudes.
Hay
gente que dice que los jóvenes han perdido el sentido de pecado. Parece
una obsesión de los reaccionarios de esta época. Y no es verdad.
Hay
una <<inocencia del ser>> que un cierto cristianismo histórico nos ha
quitado y que hay devolvérsela a los jóvenes porque la realidad del pecado
no es lo que ellos piensan, ya que la viven de hecho como una condición.
¿Qué es el pecado? El pecado es el misterio de la separación, ese
sentimiento de que estamos muy cerca del paraíso en la belleza del mundo,
en la confianza de una mirada o en el asombro de un amor, pero que ese
paraíso desgraciadamente se ha perdido. Hasta un gran amor corre el riesgo
de terminar en fracaso, pues ya no soy nada para el otro, y la mirada que
me hacía vivir se petrifica, y si no se petrifica, llegará el día en que
cerraré los ojos de un muerto o de una muerta.
El
paisaje te da alegría y enseguida tristeza. Estás abocado a la muerte.
El
paraíso está cerca y no puedes entrar. Intentas entrar fraudulentamente,
por medio de la droga, y tampoco lo consigues.
Esta es la condición de pecado, y los jóvenes lo experimentan
profundamente. Cuando se les habla de la soledad, de la angustia, de la
desgracia humana, comprenden muy bien lo que es la condición de pecado.
El
lenguaje de lo prohibitivo y lo permitido no es un buen lenguaje. Hay que
decir, más bien, el sentido. Hay que decir lo positivo. El cristianismo no
es una serie de normas: ¡es un aliento, un fuego!
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