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Colapso en la comunicación de padres e hijos

Felipe Santos

"La comunicación perpetua es el precio de la libertad".

Hace poco terminó el Festival de Cine de Cannes. Le dieron el premio a la película "La habitación del hijo" de Nanni Moretti. Hay que recuperar la figura paterna: hay niños deprimidos porque son fruto de padres deprimidos.

Se habla también del colapso de la comunicación entre padres e hijos. El director del film, mediante la narración de cómo el dolor modifica las relaciones familiares, desvela también un aspecto menos considerado pero no menos actual: las zonas de sombra inexploradas que existen incluso dentro de las familias más unidas.

Hay toda una lluvia de episodios que plantean serios interrogantes acerca de la capacidad de comunicación. Ni siquiera existen en las familias convencionales y tradicionales.

En la sociedad del comercio y del consumo en donde cada uno se valora por lo que produce y por la riqueza que acumula, la cuestión educativa pasa a un segundo término.

"El propio educador debe ser educado", escribió un maestro que después, banalmente, fue tildado de sospechoso. Pero decía una cosa tan justa que ahora, en todos los documentos de la Iglesia y de las instituciones que tienen el carisma educativo, se habla del carácter permanente educativo de los propios educadores.

Decía un abogado irlandés: " La comunicación perpetua es el precio de la libertad".

 
 

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