Imprimir

Es paz que sólo Jesús puede dar

Pbro. Enrique Maldonado Ferat

Hemos buscado la paz en tantos lugares, teniéndola siempre a nuestro alcance.

Ayer vi salir de la capilla del Sagrario a una señora. Se me acercó emocionada y con lágrimas en los ojos me dijo: "Ante tantos problemas, sólo Él es la respuesta". "Así es". Le respondí. "Cuando tengo un problema, acudo a Jesús Sacramentado. El siempre sabe qué hacer". Y juntos nos maravillamos por la gracia de saber cercano a Jesús, como un amigo, y un hermano, alguien que nos ama muchísimo.

Hemos buscado la paz en tantos lugares, teniéndola siempre a nuestro alcance. Ahora buscaremos la Paz en el lugar adecuado, la Paz que sólo nos puede dar Jesús, en la oración, ya sea a solas en nuestra habitación o frente al sagrario y esta es la paz verdadera.

¿Por qué temes? ¿Acaso no lo sabes? Eres "especial" para Dios. Te ha invitado a vivir confiando en Él: "Eres hijo de Dios". Cuando vivimos como buenos hijos de Dios, consideramos los acontecimientos -aun los pequeños sucesos de cada día- a la luz de la fe, y nos habituamos a pensar y actuar según el querer de Cristo. Si consideramos con frecuencia esta verdad -soy hijo de Dios-, nuestro día se llenará de paz, de serenidad y de alegría. Nos apoyaremos en nuestro Padre Dios en las dificultades, si alguna vez se hace todo cuesta arriba. Volveremos con más facilidad a la Casa paterna, como el hijo pródigo, cuando nos hayamos alejado con nuestras faltas y pecados. Nuestra oración será de veras la conversación de un hijo con su padre, que sabe que le entiende y que le escucha.

"No temas, porque yo te he rescatado; te he llamado por tu nombre, tú eres mío.. Porque tú vales mucho a mis ojos... porque te amo y eres importante para mí". (Is. 43, 1-4).

Nuestro Dios es un Dios diferente a todo cuanto podamos pensar o imaginar. Es amable y bueno, misericordioso y paciente. "Él perdona todas tus ofensas y te cura de todas tus dolencias". "Él rescata tu vida de la tumba, te corona de amor y de ternura". "El Señor es ternura y compasión, lento a la cólera y lleno de amor". (Salmo 103)

Le gusta con nosotros ir despacio, en la medida de nuestros pasos. Dios conoce tu corazón, sabe quien eres y todo lo que haces. Nada puedes ocultarle. "Él sabe de qué fuimos formados, se acuerda que somos polvo". (salmo 103).

Restaura tu amistad con el buen Dios. Vale la pena. Nada hay tan maravilloso como vivir en su presencia y amparo. Para ello, haz un buen examen de conciencia. Procura hablar con un sacerdote, pídele que te confiese y cumple tus propósitos de enmienda. Él nos quiere, nos acoge y perdona siempre... y nos tiene preparado un Cielo junto a Él. Perdemos esta alegría cuando nos olvidamos de nuestra filiación divina, y no vemos la Voluntad de Dios, sabia y amorosa siempre en nuestra vida.

Este año lucharás por mantener pura tu alma. Darás la batalla espiritual. Sabrás decir "NO", a las oportunidades de pecar. Guarda tu estado de gracia, como un tesoro invaluable. Y si caes, te volverás a levantar cuantas veces sea necesario.

Gánate el cielo. Sé valiente.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]