La santidad consiste en estar alegres
Felipe Santos sdb
El
Rector Mayor de la Familia Salesiana ha dado para el año 2003-2004 este
aguinaldo: Propongamos de nuevo a todos los jóvenes con convicción la
alegría y el compromiso de la santidad como alto grado de vida cristiana
ordinaria.
Cuando se estudia la figura estelar de D. Bosco, llama la atención su
acercamiento a la juventud con la idea clara de sus posibilidades de ser
santo. No se apartaba un ápice de esta idea que llevaba grabada en su
corazón de padre.
LA
SANTIDAD EN LA EDUCACIÓN
Su
modo de educar no solamente tendía a formar buenos cristianos y honrados
ciudadanos, sino que para él la obra educativa era un medio también de
enseñar el camino de la santidad.
Juan Pablo II, al proclamarlo “Padre de la juventud”, decía: “Don Bosco
realiza su santidad personal en la educación, vivida con celo y corazón
apostólico, y simultáneamente sabe proponerla como meta concreta de su
pedagogía. Tal intercambio entre educación y santidad es un aspecto
característico de su figura: es educador santo, se inspira en un modelo
santo, Francisco de Sales, es discípulo de un maestro santo, José Cafasso,
y entre sus jóvenes sabe formar un alumno santo: Domingo Savio”, que este
año es el cincuentenario de su subida a los altares.
D.
Bosco vivió y enseñó a vivir la santidad en la “clave del amor.”Un amor
filial a Dios manifestado en el amor y la dedicación total a la juventud
necesitada. Aquí está la fuente de su santidad.
ESPIRITUALIDAD SALESIANA
Desde niño aprendió a ser cristiano según los modelos presentados en su
infancia y en el ambiente familiar de su tiempo. Esa mirada continua hacia
Dios Padre va a ser una constante en toda su vida. Pasando los años irá
tomando diversas formas de expresión, pero el amor inicial seguirá siendo
el mismo.
Leyendo desde nuestra cultura la espiritualidad de Don Bosco, podemos
retener unos rasgos que destacan con más fuerza. Es lo que hoy en día se
llama también “la espiritualidad juvenil salesiana”.
Destaca, ante todo, la referencia constante de una vida hacia la persona
de JESUCRISTO, a quien se considera cercano. Por él trabajó Don Bosco.
Tiene muy presente que “Dios se hizo carne”, es decir, asumió la condición
humana para elevarla y mostrar a la humanidad nuevos valores. De aquí se
deriva la “encarnación” de Don Bosco en las dificultades de los jóvenes
que va conociendo poco a poco.
Con
Jesucristo dialoga familiarmente pidiéndole:”Da mihi animas caetera tolle”
(dame las personas, llévate todo lo demás), y muestra a Jesucristo como
RESUCITADO, capaz de vencer la misma muerte y capaz, por lo tanto, de
vencer el mal y el pecado. Es un mensaje de esperanza y resurrección.
EUCARISTÍA, RECONCILIACIÓN, IGLESIA Y MARIA AUXILIADORA
Esta presencia constante de Jesucristo la vive D. Bosco de manera
privilegiada, en la EUCARISTÍA y en el sacramento de la RECONCILIACIÓN.
Estos dos sacramentos se viven dentro de la IGLESIA, ámbito en el que se
desarrolla la acción de evangelización y creación de una nueva humanidad.
La Eucaristía y la experiencia del perdón, a través de los sacramentos, D.
Bosco los va a presentar como medio privilegiado, también, de “pedagogía”,
de crecimiento y progreso del joven, llegando a proponer, porque él así lo
creía, la meta de la santidad a jóvenes muy normales que desearan hacer
esta experiencia.
Junto con estos fuertes valores espirituales D. Bosco ve en la Virgen
María AUXILIADORA una verdadera madre en quien poder confiar. Lo hace
siempre en referencia a Jesucristo. Cree que María llevará a buen término
todas las obras iniciadas porque es Ella la primera interesada en salvar a
la juventud.
ALEGRÍA. A pesar de los grandes contratiempos y problemas que D. Bosco
sufrió, fue capaz de vivir la espiritualidad cristiana con ALEGRÍA. Si no
lo hubiera hecho así no hubiera sido capaz de proponer a todos los jóvenes
con convicción la alegría y el compromiso de la santidad como “alto grado
de vida cristiana ordinaria”.
VIDA DIARIA. La santidad la vivió y propuso EN LA VIDA DIARIA, no sólo en
las ocasiones de fiesta o en los días que le pudieran resultar más
fáciles. Inculcaba a sus jóvenes que cumplieran con diligencia con sus
deberes de estudio o de trabajo, que fueran responsables, alegres,
perseverantes, que se divirtieran, que cantaran o participaran en los
juegos del patio o en las excursiones bulliciosas que se organizaban: todo
podía acercarlos a Dios.
A
esta santidad invita a educadores y jóvenes como norte de sus vidas.
La
santidad no es algo lejano de tu existencia. Por el contrario, pertenece a
su misma esencia de creyente. No es nada raro. Se vive con gozo y
entusiasmo. Solía decir D. Bosco: “La santidad consiste en estar alegres”
interior y externamente. Ya ves que no es asunto de monjas y curas. Es de
todos.
Tanto hoy como ayer hay que recuperar la característica de “alegría” en el
anuncio de la liberación y de la salvación cristiana. De esta manera, el
salesiano, que gusta y ama su fe y goza de ella, puede comunicar a todos ,
jóvenes y hombres maduros, el secreto de su felicidad.
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