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Sordera del espíritu

Luferni

Sólo el cultivo del silencio interior podría contrarrestar esa alharaca torrencial de la barahúnda mental que enferma a los que caen en un ensordecimiento del espíritu, incapaz ya de escuchar las buenas noticias existenciales que rodean cada instante de la vida...

El boletín de EFE lo da a conocer:

Científicos de universidades de Estados Unidos, Japón y Suecia ultiman la composición de una píldora que podría prevenir lesiones auditivas por los efectos nocivos del ruido, dijo un experto de la Universidad de Granada.

Los avances relativos a esta píldora fueron presentados en la cuadragésima edición del Congreso Internacional de Biología Interna que congregó a más de 180 especialistas en Otorrinolaringología procedentes de distintos países de Europa, Asia, América y Oceanía.

Aunque no hay datos definitivos, se señaló que los últimos estudios relativos al tema dicen que éstas son cada vez más comunes entre jóvenes que acuden habitualmente a discotecas, algo que podría prevenirse con la ingestión de esta píldora.

Las enormes bocinas producen un estruendo vibrante en el espacio cerrado del antro. Los tímpanos de la chaviza asistente sufren una trepidación constante y violenta, en ese ambiente ruidoso en que es imposible la comunicación verbal.

Los ensordecimientos se han ido extendiendo entre la población joven que disfruta esos ambientes clamorosos de una música de gran estrépito, con bajos retumbantes cuyo estremecimiento llega hasta los huesos.

Ahora la solución no es bajar el volumen o cambiar de hábito de recreación sino ingerir un fármaco que contiene antioxidantes y parece evitar el daño del ruido a las células auditivas. Hay que ver si no hay contraindicaciones en estos medicamentos.

No hay sin embargo píldora capaz de resarcir los daños del ruido mental. Es más estridente y pernicioso que el del fragor- pretendidamente musical- de los conjuntos ensordecedores. Es ese uso vicioso del pensamiento para provocar miedos y desalientos, autocompasión y resentimiento, orgullos nefastos y depresiones crónicas.

Sólo el cultivo del silencio interior podría contrarrestar esa alharaca torrencial de la barahúnda mental que enferma a los que caen en un ensordecimiento del espíritu, incapaz ya de escuchar las buenas noticias existenciales que rodean cada instante de la vida...

Si hubiese una píldora para las bataholas del pensamiento parásito y nocivo, podrían desaparecer los sufrimientos evitables que padecen quienes han convertido su vida en un antro mental de desafinaciones atronadoras...

 
 

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