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Paz en la tormenta

Luferni

Es un breve libro testimonial escrito con mucho amor fraterno por quien ha tenido la experiencia del dolor y se dirige -con palabras de consuelo y esperanza- a los que sufren.

Es un pequeño libro.

El número 34 en la colección Semillas, de la Editorial Buena Prensa.

El autor es el Dr. Jorge Fuentes Aguirre y lo subtitula: Un camino hacia el alivio de quien sufre.

Es un breve libro testimonial escrito con mucho amor fraterno por quien ha tenido la experiencia del dolor y se dirige -con palabras de consuelo y esperanza- a los que sufren.

Médico que ha pasado por la enfermedad, el doctor Jorge realiza un noble ministerio al llenar páginas palpitantes de su propio itinerario existencial para que, en las largas horas de hospital, puedan ser leídas o escuchadas por quienes padecen el insomnio de sus padecimientos.

En la portada puede admirarse el rostro de la Pietá, de Miguel Angel, que representa a María en el momento de su silencio más doloroso, cuando, después del descendimiento de la cruz, tiene a su Hijo Jesús, ya sin vida, en sus brazos maternales.

Los dibujos a pluma -que salpican las páginas- irradian ingenuidad y sencillez, con trazos altamente expresivos. El lector va saboreando las narraciones sucesivas: El Crucifijo del cuarto 307, Oye, Dios, ¿por qué a mí?, La sentenciada a muerte que se escapó, La Medicina investiga a Dios, Hermana Enfermedad, Palabras que sanan y Haz de mí lo que quieras...

Ya conocíamos el bello libro escrito por el doctor Fuentes Aguirre, acerca de las esplendideces de nuestra incomparable Catedral. Este, ahora -con una dignísima presentación- nos hace pasar momentos de meditación en que se ilumina el misterio del dolor con un resplandor de fe madura, reveladora de una laicidad comprometida y ministerial.

Con gran originalidad escribe orando: “Hazme recordar siempre que el otro lado de tu cruz está vacío para que lo ocupe quien quiera darle un sentido cristiano a su dolor”.

No es solo literatura o ficción poética. Es palabra que conversa con el hermano herido, con bondad de buen samaritano, y sana heridas con vino de sabiduría y aceite de solidaridad, y venda heridas con girones de su propia indumentaria vital.

Son líneas curativas para espíritus que sentirán alivio y serán reconstruidos por la prosa de Jorge, como la carne deformada que, tantas veces, restauró la destreza de su cirugía...

 
 

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