El
Camino
Adolfo Carreto
Quien no vaya a Santiago ha recorrido solamente la
mitad del camino de su vida.
A
Santiago de Compostela se llega por todos los caminos porque el Camino de
Santiago es largo y decidido. El Camino de Santiago es el camino de la
peregrinación en todas sus manifestaciones, desde las más tradicionales,
es decir, transitando a pie, hasta las más modernas y novedosas. Es
también el camino de todas las edades. Por tanto, el Camino de Santiago es
la ruta que lleva al lugar del encuentro, y el lugar del encuentro es la
tumba del Apóstol.
Peregrinos de todos los continentes y de todas las razas se dan su
coscorrón en la estatua del Apóstol que vigila el atrio de entrada a la
catedral para continuar avanzando hasta llegar al lugar sagrado, a la
tumba, ubicada detrás del altar mayor.
Hay que
estar en Santiago para que a uno se le encoja el corazón y se le ensanche
el alma. Hay que llegar a la gran plaza para extasiarse ante la fachada de
la catedral, saboreando ya de antemano lo que hay dentro. Hay que
esforzarse subiendo la escalinata de acceso a la entrada para que el
cansancio vaya disminuyendo. Hay que observar la mirada de cada peregrino
para percatarse de que el esfuerzo, el sacrificio y también la fe tienen
su recompensa.
Termino
de enterarme de que aumenta el peregrinaje a Santiago. También me complace
el dato de que, después de los españoles, quienes más se aventuras a
emprender el Camino y culminar la marcha son los alemanes, seguido de los
franceses, de los italianos y de los norteamericanos. Y también que los
hombres son más decididos que las mujeres a la hora de comenzar la
caminata. Algo más del sesenta por ciento de los peregrinos han sido
varones y cerca de un cuarenta por ciento, mujeres.
El
Camino, se transite en la forma que se transite, está repleto de
espiritualidad y grandeza. Espiritualidad el paisaje, las ermitas, los
conventos unos en uso y otros en desuso, las espadañas de las iglesias,
las posadas y albergues, los cruceros que continuamente van indicando la
ruta, los puentes de todos los estilos y de todas las épocas y para todos
los usos, las devociones locales con las que uno se topa, la amabilidad y
encuentro con las gentes que te animan a seguir, o que te refrescan para
que el cansancio sea solamente temporal.
Santiago
atrae. Las calles de Santiago te conducen a todas las edades. El cielo de
Santiago, aún en los días de lluvia, es un cielo de color de esperanza.
Quien no vaya a Santiago ha recorrido solamente la mitad del camino de su
vida.
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